Friday, August 18, 2006

Ese maldito orgullo

Y ahora, un poco más de lo mismo.

Claro, todo esto no hubiera pasado si el mundo no estuviera adormecido y se hubiera manifestado enérgicamente contra una guerra que causó, no solamente 1300 personas muertas (la mayoría de ellos civiles), sino destrozos por millones y millones de euros. Los mismos euros que, ausentes en otras latitudes, se llevan a esa gente que no los tiene ni en moneditas como para poder darle de comer esa noche a sus hijos. Habrá que reconstruir casas porque mucha gente perdió las suyas, y todos sabemos que construir casas cuesta (en Europa eso se sabe muy bien). Y ese dinero provendrá de ayudas, las mismas ayudas que no llegaron a tiempo esa noche que fue la última en no poder darle de comer a sus hijos antes de perderlos.

Y ahora, asumamos las consecuencias: veamos las noticias y que nos cuenten que Hezbolá comienza a hacerse cargo de la reconstrucción del sur del Líbano y veamos entonces que los que asesinan también construyen, veamos que gentilmente diversos Estados ofrecen sus tropas para formar parte de las fuerzas de “paz” mientras que sus diplomáticos no hicieron todo lo gentilmente posible para impedir la guerra, veamos que en Israel la ciudadanía parece haber reaccionado y ahora se cuestiona el modo en que el Primer Ministro afrontó este conflicto, lamentablemente ahora sólo les quedará medir las consecuencias de haber dejado actuar a alguien con quien no estaban de acuerdo.

 

Ahora se complica para distinguir los “buenos” de los “malos”. Ahora el mundo despertará de ese adormecimiento teniendo que elegir quiénes son los “malos” y quiénes los “más malos”, ahora el mundo despertará con un poco más de rencor que el que muchos años de una turbia Historia fueron cosechando.

Ahora se puede seguir haciendo Fórums de las Culturas, Fórums Sociales Mundiales. Ahora se puede seguir presumiendo de nuestra libertad y democracia.

 

Pero solamente hasta que finalmente se termine de despertar, uno pueda mirarse al espejo y repetir: “yo soy libre, vivo en democracia, opino, elijo a unos dirigentes que representan mis deseos; mis dirigentes no se opusieron a la guerra…¿yo estaba indiferente ante la guerra?”. Y entonces, pensar que hay veces en que el orgullo nos puede hacer quedar mal, y mejor aclararle al mundo que no es tanta la libertad, ni la democracia, ni las posibilidades de opinar, ni de elegir a unos dirigentes que representen nuestros deseos. Ese será el canje que habrá que hacer: ceder un poco de orgullo para que no se piense por ahí que uno es indiferente a que mueran personas inocentes, a que se destruyan ciudades enteras junto a sus habitantes, su historia, sus recuerdos, su pasado, su moral, su orgullo.

Tampoco hay que alarmarse tanto por esa pérdida de orgullo, porque seguramente en cuanto se demuestre que esa declaración no fue simplemente una excusa para lavarse las manos, sino que fue un abrir los ojos para entonces pensar en cómo finalmente poder decir “no soy indiferente a que se destruya continuamente la humanidad”. El orgullo podría llegar a ser recuperado.

Posted by pablogr in 03:38:18
Comments

One Response

  1. phantomas says:

    Como cantaba Lapido, “…seguid votando cada cuatro años”. No basta con eso.

    Una canción no cambia el mundo, un blog tampoco, pero somos muchos, y no creo que estemos predicando en el desierto.

    Un saludo.

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