Afortunadamente, Arturo pasó la prueba y Julio abrió la puerta. Y ahí es donde viene nuestra revancha. Nos abren pero no nos autorizan a entrar. Pero aún así con nuestra mirada podemos entrar, podemos violar su privacidad. Arturo lo sabía, pero no pudo evitarlo. Sus ojos gobernaban sus deseos, y no perdieron la oportunidad de pegarse una vuelta por el interior de la casa. Julio también lo sabía, y por eso con un gesto tímido intentó ubicarse de forma tal de dejar a esos ojos insurgentes con el menor margen de acción posible.
- ¿Qué tal, jefe? Venía para saber si tendría disponibles dos minutitos porque me gustaría comentarle algunas cositas que están pasando en el barrio e invitarlo a una reunión que se va a hacer la semana que viene. – El tono de la voz de Arturo sonaba lo suficientemente sincero como para no parecer que estuviera queriendo proponerle ninguna oferta imperdible y lo suficientemente distante y respetuoso como para no quitarle formalidad al tema en cuestión.
En ese momento fueron los ojos de Julio los que se rebelaron y se quisieron pegar una vuelta entera por su interlocutor. Comenzaron por las zapatillas, siguieron por los jeans, continuaron por la camiseta monótonamente blanca, dos delgados brazos que sólo fueron invadidos por una pulserita artesanal y liberados del reloj, para finalmente volver a una cabeza delgada y alargada, salpicada por dos ojos marrones oscuros, profundos, una nariz estudiadamente proporcionada, unos finos labios, algunos brotes de barba y un cabello negro ondulada y aleatoriamente ordenado. Un conjunto que en total no debería sobrepasar los 30 años.
- Sí, cuénteme, que no tengo ningún apuro – Volvió a abrir una nueva barrera Julio y le autorizaba el paso. Con cortesía pero aún con algo de desconfianza.
Julio, se imaginó Arturo, seguramente tendría tiempo porque acababa de volver del trabajo. Todavía llevaba puestos los zapatos de punta cuadrada, el pantalón gris, la camisa de manga corta y, sobre todo, esa cara de aún no haberse liberado del agobio del día y de querer manifestarse poniéndose el pantaloncito corto de la selección, una musculosa y las chancletas. Intentó también adivinar la edad de Arturo para poder imaginarse los posibles motivos de descreimiento que podría llegar a tener. Supuso que algo así como unos 40. No mucho más. Sería del tipo “bastante abatido, pero sin llegar a perder las esperanzas”.
Mire, ante todo mucho gusto, yo soy Julio. Alguna vez me acuerdo de haberlo visto por el barrio, yo trabajo en el locutorio de Rivadavia y Segurola. – Le tendió la mano e inmediatamente fue estrechada por la de Arturo. Otra prueba superada, otra barrera menos.
- Arturo, mucho gusto.
- Mire, le cuento de qué va el tema, Arturo. Resulta que con unos vecinos, hace algún tiempo, estábamos pensando que en el barrio hay muchos Contadores, Licenciados en Administración de Empresas, Arquitectos y distintos profesionales. Y la verdad es que hay muchas cosas del barrio que no funcionan muy bien. No hay papeleras y la calle siempre está sucia, las veredas están rotas en muchas calles, no hay bajadas en las esquinas para la gente en sillas de ruedas. Ni hablar del tema de la inseguridad ni que a la noche hay muchas calles que están bastante oscuras. Y creo que usted mismo podría seguir la lista de cosas que no están como podrían llegar a estar. – Hasta el momento, la cara de Julio era de aprobación, aunque había escuchado cosas así tantas veces en boca de los políticos que lo primero que temió era que se tratara de un puntero político de la oposición que venía a golpear su puerta como si fuera un Mormón para adherirlo a su comunidad.
- Antes que nada, le aclaro algo: no soy de ningún partido político y esto no tiene nada que ver con ningún partido político. Somos nada más que los vecinos del barrio, como vecinos. – Arturo supo leer con claridad la mirada de Julio e hizo la aclaración oportunamente. – Nuestra idea es aprovechar a los profesionales que tenemos para que nos puedan asesorar desde sus especialidades y juntarnos los vecinos a debatir y elaborar propuestas para presentar luego a la Municipalidad. Propuestas de cómo resolver los distintos problemas que tiene el barrio o de cómo mejorarlo. Pero la idea es presentar propuestas concretas y elaboradas, de forma tal de que lo único que tenga que hacer la Municipalidad en caso de aceptarlas sea asignar los recursos: la guita y el personal para que las ejecute. Los profesionales nos pueden asesorar a todos los vecinos, explicándonos cuáles serían las diferentes alternativas desde el conocimiento de sus profesiones, para abordar los distintos problemas. Y luego los vecinos debatiríamos y la idea es que el debate nos lleve a poder armar una propuesta.
- Bueno, no me parece mal, ¿pero le parece que la Municipalidad después nos dará pelota? – Cuestionó desde sus yagas Julio.
- Y, sinceramente, yo creo que la verdad es que en este país nunca se sabe, pero también piense que en el barrio podemos llegar a ser muchas personas. Que después cuando vienen las elecciones somos votos. Y excusas técnicas no pueden tener, ya que con ayuda de los distintos profesionales que hay en el barrio, podemos llegar a hacer propuestas factibles. Y aunque tengamos después que ser muy insistentes para que nos den bola, si somos todo un barrio organizado en torno a una propuesta, creo que sería más fácil poder llamar la atención de los medios, y con eso les meteríamos bastante presión. Pero lo interesante sería que podríamos debatir qué acciones tomar y hacer una cosa consensuada y grupal que siempre puede ser más exitosa que las acciones individuales. Imagínese solamente 500 cartas llegándole al Jefe de Gobierno junto a la propuesta.
- Sí, puede ser. Pero también puede ser que los use para ir al baño y durante mucho tiempo no compre papel higiénico. – Siguió soltando gajos de desesperanza Julio.
- Sí, puede ser. Pero entonces imagínese las mismas 500 cartas llegando a cada uno de los periódicos y redacciones de noticias de los canales.
Cinco segundos de silencio. Arturo espectante, Julio dubitativo.
- ¿Y cuándo es esta reunión que me decías? Vos me podés tutear también, ¿eh? No sé por qué me tratás de Usted. Me hacés sentir muy viejo, tengo 39 pirulos nada más. – Le guiñó Julio y Arturo supo en ese momento no sólo que había vencido una barrera más sino que le pifió solamente por un año en su cálculo. Y además, que Julio tenía pinta de buen tipo.
- Mirá, nos vamos a juntar, este Sábado no, sino el que viene, en la plazita de Gualeguaychú, al lado de la cancha. Hay un loco en Segurola que alquila equipos de sonido y se ofreció a llevar unos parlantes y varios micrófonos para que nos podamos escuchar todos los que querramos hablar. Y la idea es que de la gente que vaya, los que quieran, hagan un listado por orden de prioridad de los problemas que les parece que se deberían solucionar en el barrio. Entonces lo llevan ese día y en ese momento se hace el recuento y así vemos cuál es el tema que más gente querría tratar primero. En base a qué tema sea, se ve entre los que hay, quiénes pertenecen a profesiones que podrían aportar información sobre el tema y se arma un equipo de trabajo para analizar distintas maneras de abordar el problema según sus conocimientos y nos elaboran un documento que imprimimos y repartimos. Entonces la idea es que para la reunión siguiente los vecinos ya se hayan informado del tema y entonces debatir los distintos caminos o propuestas. – Ya el tono de voz de Arturo a esta altura era totalmente distendido. Había logrado el equilibrio perfecto que buscaba desde el comienzo entre formalidad y proximidad.
- Bueno, yo me voy a pasar. A ver qué tal nos podemos organizar. Y, decime, tampoco tengo muchísimo tiempo que digamos pero, ¿podría dar una mano en algo?
- Mirá, la verdad es que ahora más que nada se trata de poder avisarle a toda la gente. Y son muchos, así que lo que estamos tratando de hacer es de repartirnos los edificios entre los que nos ofrecimos. Si te animás lo que habría que hacer es esto que estamos haciendo ahora, habría que hablar con los vecinos del edificio para contarles lo que estamos haciendo y, si les interesa venir, explicarles cuándo nos juntamos y cómo es la dinámica de trabajo que está prevista. ¿Cómo lo ves?
- Sí, yo creo que no tengo problema. En este edificio somos poquitos y me los cruzo a casi todos varias veces al día – Se apuntó Julio.
Mientras bajaba por el ascensor, Arturo, se iba pensando en que esto le iba a llevar algo de tiempo si realmente quería ocuparse y participar. Pero inmediatamente se dio cuenta de que estaba dispuesto a sacrificar alguno que otro programa deportivo. Total, lo que importaban eran los partidos y no las estupideces que dicen los “expertos”. Prefería prestar un poco más de atención a las alternativas que le iban a traer los expertos del barrio y cómo conseguir un lugar mejor en donde vivir.
Mientras se sacaba la camisa, el pantalón y los zapatos y se ponía el traje de liberación doméstica, Julio, se imaginaba lo que le diría Claudia, su mujer, cuando durante la cena le comentara todo esto. “¿Y vos qué pensás de esto? Bueno, ni me digas, ya me imagino, a vos de vez en cuando todavía te llaman las utopías, gordo. Estos deben ser los del Partido Comunista o algo así, ya me la veo venir…”. No, esto no tiene pinta de politiqueo, vamos a estar y opinar todos los que querramos estar y opinar. Y sí, era cierto, lástima que muy de tanto en tanto le llamaban esas utopías. Eso le daba un poco de tristeza en el fondo, pero él no tenía la culpa. Muchos esfuerzos se hicieron para que así fuera. De todas maneras, pensaba que Claudia sería su primer ejercicio en este nuevo trabajo de Promotor de la Participación Vecinal. Ya le había inventado un nombre y todo. Solamente después de un rato se acordó de ese compañero del laburo que siempre lee periódicos de afuera cuando le contaba que en Dinamarca la gente se junta y elige las cosas y no los políticos: “Y claro, mirá a los daneses estos, como tienen tanta guita les sobra el tiempo y se pueden juntar a pelearse con los vecinos. Como no necesitan tener dos laburos para llegar a fin de mes”. Ni le había prestado atención cuando le dijo eso, pero ahora se acordaba, y pensaba que podía ser que a ellos les sobre el tiempo y por eso se organicen, o también podía ser que a nosotros nos falte el tiempo, y otras tantas cosas, porque no nos organizamos.