Friday, August 18, 2006

Ese maldito orgullo

Y ahora, un poco más de lo mismo.

Claro, todo esto no hubiera pasado si el mundo no estuviera adormecido y se hubiera manifestado enérgicamente contra una guerra que causó, no solamente 1300 personas muertas (la mayoría de ellos civiles), sino destrozos por millones y millones de euros. Los mismos euros que, ausentes en otras latitudes, se llevan a esa gente que no los tiene ni en moneditas como para poder darle de comer esa noche a sus hijos. Habrá que reconstruir casas porque mucha gente perdió las suyas, y todos sabemos que construir casas cuesta (en Europa eso se sabe muy bien). Y ese dinero provendrá de ayudas, las mismas ayudas que no llegaron a tiempo esa noche que fue la última en no poder darle de comer a sus hijos antes de perderlos.

Y ahora, asumamos las consecuencias: veamos las noticias y que nos cuenten que Hezbolá comienza a hacerse cargo de la reconstrucción del sur del Líbano y veamos entonces que los que asesinan también construyen, veamos que gentilmente diversos Estados ofrecen sus tropas para formar parte de las fuerzas de “paz” mientras que sus diplomáticos no hicieron todo lo gentilmente posible para impedir la guerra, veamos que en Israel la ciudadanía parece haber reaccionado y ahora se cuestiona el modo en que el Primer Ministro afrontó este conflicto, lamentablemente ahora sólo les quedará medir las consecuencias de haber dejado actuar a alguien con quien no estaban de acuerdo.

 

Ahora se complica para distinguir los “buenos” de los “malos”. Ahora el mundo despertará de ese adormecimiento teniendo que elegir quiénes son los “malos” y quiénes los “más malos”, ahora el mundo despertará con un poco más de rencor que el que muchos años de una turbia Historia fueron cosechando.

Ahora se puede seguir haciendo Fórums de las Culturas, Fórums Sociales Mundiales. Ahora se puede seguir presumiendo de nuestra libertad y democracia.

 

Pero solamente hasta que finalmente se termine de despertar, uno pueda mirarse al espejo y repetir: “yo soy libre, vivo en democracia, opino, elijo a unos dirigentes que representan mis deseos; mis dirigentes no se opusieron a la guerra…¿yo estaba indiferente ante la guerra?”. Y entonces, pensar que hay veces en que el orgullo nos puede hacer quedar mal, y mejor aclararle al mundo que no es tanta la libertad, ni la democracia, ni las posibilidades de opinar, ni de elegir a unos dirigentes que representen nuestros deseos. Ese será el canje que habrá que hacer: ceder un poco de orgullo para que no se piense por ahí que uno es indiferente a que mueran personas inocentes, a que se destruyan ciudades enteras junto a sus habitantes, su historia, sus recuerdos, su pasado, su moral, su orgullo.

Tampoco hay que alarmarse tanto por esa pérdida de orgullo, porque seguramente en cuanto se demuestre que esa declaración no fue simplemente una excusa para lavarse las manos, sino que fue un abrir los ojos para entonces pensar en cómo finalmente poder decir “no soy indiferente a que se destruya continuamente la humanidad”. El orgullo podría llegar a ser recuperado.

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Wednesday, August 16, 2006

La pesadilla de Josemarui

Despertaba Aznar todo sudado y tembloroso (bueno, tembloroso todo menos su labio superior) y lo primero que hacía era agarrar el teléfono y llamar al primero de la agenda:

- Hello?

- ¡George, acabo de tener una pesadilla espantosa! - le decía agitado

 

- ¿¡Peruo qué pasó Josemarui!? - le respondía George con su acento tejano

- ¡Era terrible, erra terrible!

- ¡Peruo cuéntame de una vez! - se exasperaba George

- Estaban en las Naciones Unidas….y tanto la Asamblea General como el Consejo de Seguridad habían votado una resolución…. ¡que prohibía la palabra “enemigo”! ¿¡Te imaginas, George, lo que eso sería!?

 

Entrevista a José María Aznar en la BBC - 24/07/2006

alt : http://www.youtube.com/v/HVVgKHJxVPw&rel=1&border=0 alt : http://www.youtube.com/v/kqLGnyZ_ES4&rel=1&border=0 alt : http://www.youtube.com/v/_QeBdH1×5xs&rel=1&border=0
Video de la Fundación FAES - “Think Tank” del Partido Popular de España alt : http://www.youtube.com/v/jXMN8rN3uBg&rel=1

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El médico de Castro: ’sobredosis de lucidez’

Fidel Castro tendrá extensaspáginas dedicadas en los libros de historia, sociología, política y muchasotras ciencias sociales. Hablarán de dictador, de héroe, de icono y de diversosy variopintos calificativos. 

Se puede estar en acuerdo o en desacuerdo con él,pero se lo conoce. Se puede dudar y cuestionar y hasta esperar su desapariciónfísica para ver si realmente la revolución cubana es su personificación o él esun padre y un tutor. Pero ahí estamos, diciendo “Fidel” en cualquier parte delmundo y automáticamente entendiéndonos con quien tengamos en frente. 

Igual quepodríamos decir “Bush”, con la diferencia que este último representa a uno delos países más grandes del mundo en muchos aspectos (extensión, economía, podermilitar, etc.). La mayoría de nuestros medios de comunicación estánsubordinados a los suyos y nuestra cultura, en muchos aspectos, estásubordinada a la suya. En cambio, Fidel, representa a una pequeña isla delcaribe y su revolución. Si fuera por dictadores, estoy seguro que en el restodel mundo muchos nos mirarían con cara de “¿quién?” al decir “Videla”.

 

 

Pero en lo que todos estaremos deacuerdo, más allá de nuestra ideología y opinión personal hacia él, es queestamos hablando de una de las personas más lúcidas de nuestros tiempos. Unpersonaje que dedicó toda su vida a hacer política, a hablar de política, avivir la política. Lo mismo que los cubanos. Más allá de cuán manipulados seansus puntos de vista, es gente que vive masivamente y a diario la política.Nuestros sistemas democráticos no podrían presumir de eso.

Nos cuesta encontrar coherencia,hoy en día, al comparar un discurso actual de cualquiera de nuestros políticoscon un discurso de hace 1 año. Sin embargo, luego de 50 años, podemos repasartodas las declaraciones de Castro y estaremos de acuerdo o no con ellas, perono podremos cuestionar su coherencia histórica.

La lucidez de Fidel es tal, que asus 80 años, tiene al mundo con los ojos puestos en Cuba y pendientes de susalud. Y esto Fidel lo sabía aún antes de que todo esto sucediera. De la mismamanera que sabía que esta sería una situación en la que la transición se veríaforzada a realizarse. O, también sabía que dentro de poco tiempo su país acogela cumbre de los Países No-Alineados y su salud preocuparía a los dirigentes deesa cumbre haciéndolos, inconscientemente, manifestar un apoyo a Cuba que enotras condiciones no manifestarían. También sabía que EEUU, de poder hacerlo,aprovecharía la situación para poner en marcha todos esos sistemas dedesestabilización que conocen: campaña mediática, campaña informativa, aporteseconómicos significativos a la oposición o hasta incursión militar. Y sabía queen este momento coyuntural EEUU no podría ocuparse de ello como querría. Estáenvuelto en una guerra que está perdiendo y cuya derrota le está significandodedicar una gran cantidad de recursos militares y propagandísticos, y elcontrol absoluto que poseía sobre América Latina hoy en día ya no es tal.

Y entonces se dijo, ¿y quépasaría si me enfermo?. Meditó por un rato, echó al aire unas cuantas bocanadasde humo, y se respondió: “compañero Fidel, habrá que probarlo”.

Y ahí estamos todos. Hablando deCuba, hablando de Fidel, de EEUU. Y él, descansando, y lúcidamenteobservándonos a ver si realmente todo es como se imaginaba que sería. Y, parano aburrirse, mientras tanto, con su sola persona, unas fotos y unos videos,consiguiendo lo mismo para lo que EEUU dedica un verdadero “ejército”mediático: preocupar.

TV cubana muestra a Chávez junto a Fidel - BBC

Intelectuales italianos hacen votos por salud de Fidel Castro - PL

“Fidel Castro es un hermano mayor sabio” - Página12

El desconcierto de los enemigos de Cuba - Rebelión

Chávez afirma que Estados Unidos se está encontrando con una situación inédita ante Cuba -La Jornada

 

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Wednesday, August 9, 2006

La era del escepticismo

Era una época en que ya nadie creía en nada. Fue, no el fin, pero sí el distanciamiento masivo y contundente de las personas de las instituciones religiosas y sus mandamientos. Fue el descreimiento absoluto de la gente respecto a sus políticos. Fundieron todas las empresas y trabajadores independientes que se dedicaban a la adivinación y predicción del futuro.

 

Ya nadie se creía nada, y hasta las relaciones entre personas resultaban muy difíciles. Sobre todo se veían afectadas las que se basaban en un componente importante de confianza. Por ejemplo, ya nadie se creía las promesas de amor eterno. Y, durante un tiempo, esto se vio reflejado en que hubiera un importante descenso en el número de casamientos. Esto resultó preocupante al punto que muchos gobiernos del mundo y hasta las propias Naciones Unidas, alarmados por las tendencias demográficas, salieran a hacer campañas y políticas diversas para promover las uniones que garantizaran la continuidad de la especie.

 

Esto, de alguna manera corrigió la tendencia pero aún así las nuevas familias se construían basándose en ese mismo escepticismo y esto provocó un giro de ciento ochenta grados en la concepción de la familia, con toda la transformación social que de este cambio inicial se desprendió posteriormente.

 

Por alguna cuestión probablemente biológica, el impacto de esa ola de escepticismo no fue igual de contundente en las relaciones entre padres e hijos o entre hermanos.

 

Pero la amistad se transformó radicalmente. Ya no era común ver a grandes grupos de amigos reunidos. La gente no quedó aislada pero la idea de amistad tal y como se la conocía hasta entonces había perdido el sentido.

 

Al principio, el escepticismo avanzó en dirección de aquel que era, por su procedencia, origen o clase social, distinto. Pero luego llegó a alcanzar el mismo nivel para con aquellos iguales.

 

El sociólogo Jean-Pierre Rigau, profesor de la Universidad Paris-VIII, proponía que “este avance del escepticismo hacia el ‘otro igual’ desde el ‘otro distinto’ no era en tal dirección sino que se producía una igualación en el nivel de escepticismo a través de una disminución en el escepticismo hacia el distinto”. Según plantea en su teoría, “la disminución en el escepticismo hacia el ‘otro distinto’ estaría vinculada al aumento de escepticismo en otros ámbitos como el de los medios de comunicación, el cine, la religión y la política.

 

El deporte jamás volvió a ser el mismo. Muchos equipos de fútbol también quebraron. Descendió increíble y súbitamente la venta de productos de los equipos, la venta de entradas.

 

Muchísimos periódicos debieron cerrar sus puertas y varios canales de televisión se vieron obligados a modificar sus programaciones con el fin de recuperar la masiva audiencia perdida. De pronto, muchos programas informativos desaparecieron para ser reemplazados por documentales sobre la naturaleza o películas. Y resulta especialmente curiosa la transformación sufrida por el mundo fílmico. Fue la desaparición de las superproducciones, de los efectos especiales, de las historias de grandes héroes. El público comenzó a rechazar todo este tipo de films y los que más gente convocaban pasaron a ser aquellos en los que aparecen personajes de la vida cotidiana con sus problemáticas cotidianas.

 

La educación vivió su peor época en toda la historia. Hubo un fracaso escolar masivo. La UNESCO no daba abasto. Se convocó a una asamblea mundial urgente con pedagogos y especialistas en educación de todo el mundo para intentar dar respuesta a esta crisis ocurrida en el sistema educativo mundial. Según la Lic. Ingrid Frantz, especialista del Ministerio de Educación de Alemania y participante de la asamblea, “estábamos antes un cambio radical y súbito en los paradigmas en los que se venía basando la educación. Todo esto, sin duda, relacionado con los cambios sufridos en el seno de las familias y en la sociedad. Pero resultaba evidente que ya no era eficiente, en términos educativos, por ejemplo, la figura del docente carismático o la clase magistral que de un momento a otro quedó obsoleta. Y si ya estos dos aspectos que jugaban un rol primordial en nuestros sistemas educativos se vieron afectados radicalmente, no hace falta explicar todos los demás para entender los por qué de la crisis educativa mundial”.

 

En un primer momento, algunos profesionales de la salud, especialmente los especialistas en salud mental, se apresuraron en etiquetar esta situación como una patología. Así fue como el “Trastorno paranoide-escéptico” se llegó a ver en la bibliografía especializada de la época y en seguida los laboratorios más importantes llevaron a las farmacias diversos productos que pretendían paliarla. Pero al poco tiempo se descartó toda relación entre el escepticismo reinante y una causa biológica. En esto tuvo mucho que ver el escepticismo de los mismos profesionales de la salud por aceptar estas hipótesis, de los pacientes para someterse a ningún tipo de tratamiento, pero sobre todo se debió a que de haberla aceptado el mundo hubiera tenido que reconocer que estaba expuesto a la peor pandemia que la salud pública mundial jamás hubiera conocido.

 

Los intelectuales del momento esbozaban análisis y teorías que buscaban explicar esa ola de escepticismo. La Lic. Anne Chantoine, Profesora de Psicología de la Universidad de Québec, analizaba: “una de las características de este comportamiento escéptico era su alta reactividad. Hasta el momento, la reacción más común ante la falta a la verdad era un escepticismo pasivo. La persona expuesta al engaño se sentía derrotada y frustrada y esto la llevaba al aislamiento y la desesperanza; a la inactividad. Pero a partir de un momento dado y por una causa que se desconoce, la Verdad se convirtió en un valor supremo y todo aquel que se sentía engañado reaccionaba de manera algunas veces desproporcionada buscando la condena y el castigo de aquel que hubiera participado en el engaño”.

 

El escepticismo había llegado, a su manera, a todos los ámbitos de la vida humana. Los sistemas bancarios y financieros, la salud, la alimentación, las artes. Todo se había visto modificado, cada cual a su manera, por aquel escepticismo que marcó una era.

 

Una era sobre la que el escritor argentino, Pedro Pringles, dijo: “fue la época en que ya nadie creía en nada. Pero, paradójicamente, fue la época en que la humanidad volvió a creer en sí misma”.

 

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Monday, August 7, 2006

Judío, pero no israelí

Terminó de teclear su comentario, y en el preciso instante en quehizo clic sobre la palabra “Enviar” una bomba estalló en Gaza.Coincidencia pura, igual que los otros 167 comentarios que en algúnmomento tuvieron que darle al botón de “Enviar” para llegar a serpublicados. 167 bombas más. Líbano, Gaza, Cisjordania. 167 bombas, unafactura para cada una y una cantidad de dinero que salía delpresupuesto israelí e iba a parar a la cuenta de una empresa privada.Estadísticas que se transformaban. 800, 900, 1000 muertos. Se murió unperro atropellado por un camión, se murió la planta porque le daba muyfuerte el sol. Se murió un niño. 800, 900, 1000. 1 unidad de mil, 0centenas, 0 decenas, 0 unidades.

 

Habían perdido la guerra, una vez más. 2 millones en Barcelona, 2millones en Madrid, Paris, Londres, New York. Muchos millones diciendo”no”. Pero un grupo de 12 con sus respectivos traductores y asesoresdijeron “sí” (o no pudieron decir “no”). Y ganaron la guerra. “Enviar”a Bagdad, “Enviar” a Falluya. Hoy fueron solamente 20 muertos. 2decenas, 0 unidad.

Por eso ahora, abatido, dejaba las huellas de su dentadura en unsandwich, lo devolvía al plato no sin antes esparcir unas cuantas migaspor el escritorio, transfería la grasa de sus dedos a la servilleta depapel y finalmente se preparaba: apunten, disparen, ¡clic!. Enviado…

* * *

A pesarde no adherir a ningún dogma religioso recuerdo mi infancia llena dejudaísmo. Habré entrado 5 veces en toda mi vida a un templo judío. Peroaún así, recuerdo que cada vez que en mi presencia se emitía algúncomentario discriminatorio para con los judíos yo me presentaba,inmediatamente y con desasfiante orgullo, como judío. No por miscreencias, no por mi dios. Por mis abuelos, por sus padres y por lospadres de los padres.

Hoy en día, y hace ya algunas semanas, comencé la huelga, y en tantoque se asocie la idea de judío con la idea de israelí, de momento medeclaro oficialmente no judío. No por mis creencias, no por mi dios, nopor mis antepasados. Por la vida, por protestar ante el horror.

Imagino que muchos alemanes, muchos estadounidenses, muchos ingleses, muchosfranceses, muchos españoles, mucha gente más podrá entenderme. No nosquedan muchos clics más, pronto llegará el día en que desearemos quenos identifiquen con delfines o con primates y no con esta denigranteespecie.

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Sunday, August 6, 2006

Marketing social

En el preciso instante en que el dedo de Arturo hundió lo suficiente el pulsador del timbre, se oyó un chillido como de gallina ahorcada que se suponía debía ser, para los dueños de casa, el anuncio de que había visitas. 4 segundos después unos pasos que se acercan. El ruido de la mirilla que se abre y luego del tiempo prudencial para poder observar quiénes son las visitas, el ruido de la mirilla que se cierra.

Momento incómodo si los hay. Sentirse observado. Pero no simplemente observado, sino que sentirse sometido a un examen. Si lo que veo por la mirilla me satisface, abro la puerta. Si no, no. Totalmente expuesto a los designios de un tercero.

 

Afortunadamente, Arturo pasó la prueba y Julio abrió la puerta. Y ahí es donde viene nuestra revancha. Nos abren pero no nos autorizan a entrar. Pero aún así con nuestra mirada podemos entrar, podemos violar su privacidad. Arturo lo sabía, pero no pudo evitarlo. Sus ojos gobernaban sus deseos, y no perdieron la oportunidad de pegarse una vuelta por el interior de la casa. Julio también lo sabía, y por eso con un gesto tímido intentó ubicarse de forma tal de dejar a esos ojos insurgentes con el menor margen de acción posible.

 

- ¿Qué tal, jefe? Venía para saber si tendría disponibles dos minutitos porque me gustaría comentarle algunas cositas que están pasando en el barrio e invitarlo a una reunión que se va a hacer la semana que viene. – El tono de la voz de Arturo sonaba lo suficientemente sincero como para no parecer que estuviera queriendo proponerle ninguna oferta imperdible y lo suficientemente distante y respetuoso como para no quitarle formalidad al tema en cuestión.

 

En ese momento fueron los ojos de Julio los que se rebelaron y se quisieron pegar una vuelta entera por su interlocutor. Comenzaron por las zapatillas, siguieron por los jeans, continuaron por la camiseta monótonamente blanca, dos delgados brazos que sólo fueron invadidos por una pulserita artesanal y liberados del reloj, para finalmente volver a una cabeza delgada y alargada, salpicada por dos ojos marrones oscuros, profundos, una nariz estudiadamente proporcionada, unos finos labios, algunos brotes de barba y un cabello negro ondulada y aleatoriamente ordenado. Un conjunto que en total no debería sobrepasar los 30 años.

 

- Sí, cuénteme, que no tengo ningún apuro – Volvió a abrir una nueva barrera Julio y le autorizaba el paso. Con cortesía pero aún con algo de desconfianza.

 

Julio, se imaginó Arturo, seguramente tendría tiempo porque acababa de volver del trabajo. Todavía llevaba puestos los zapatos de punta cuadrada, el pantalón gris, la camisa de manga corta y, sobre todo, esa cara de aún no haberse liberado del agobio del día y de querer manifestarse poniéndose el pantaloncito corto de la selección, una musculosa y las chancletas. Intentó también adivinar la edad de Arturo para poder imaginarse los posibles motivos de descreimiento que podría llegar a tener. Supuso que algo así como unos 40. No mucho más. Sería del tipo “bastante abatido, pero sin llegar a perder las esperanzas”.

 

Mire, ante todo mucho gusto, yo soy Julio. Alguna vez me acuerdo de haberlo visto por el barrio, yo trabajo en el locutorio de Rivadavia y Segurola. – Le tendió la mano e inmediatamente fue estrechada por la de Arturo. Otra prueba superada, otra barrera menos.

 

- Arturo, mucho gusto.

- Mire, le cuento de qué va el tema, Arturo. Resulta que con unos vecinos, hace algún tiempo, estábamos pensando que en el barrio hay muchos Contadores, Licenciados en Administración de Empresas, Arquitectos y distintos profesionales. Y la verdad es que hay muchas cosas del barrio que no funcionan muy bien. No hay papeleras y la calle siempre está sucia, las veredas están rotas en muchas calles, no hay bajadas en las esquinas para la gente en sillas de ruedas. Ni hablar del tema de la inseguridad ni que a la noche hay muchas calles que están bastante oscuras. Y creo que usted mismo podría seguir la lista de cosas que no están como podrían llegar a estar. – Hasta el momento, la cara de Julio era de aprobación, aunque había escuchado cosas así tantas veces en boca de los políticos que lo primero que temió era que se tratara de un puntero político de la oposición que venía a golpear su puerta como si fuera un Mormón para adherirlo a su comunidad.

- Antes que nada, le aclaro algo: no soy de ningún partido político y esto no tiene nada que ver con ningún partido político. Somos nada más que los vecinos del barrio, como vecinos. – Arturo supo leer con claridad la mirada de Julio e hizo la aclaración oportunamente. – Nuestra idea es aprovechar a los profesionales que tenemos para que nos puedan asesorar desde sus especialidades y juntarnos los vecinos a debatir y elaborar propuestas para presentar luego a la Municipalidad. Propuestas de cómo resolver los distintos problemas que tiene el barrio o de cómo mejorarlo. Pero la idea es presentar propuestas concretas y elaboradas, de forma tal de que lo único que tenga que hacer la Municipalidad en caso de aceptarlas sea asignar los recursos: la guita y el personal para que las ejecute. Los profesionales nos pueden asesorar a todos los vecinos, explicándonos cuáles serían las diferentes alternativas desde el conocimiento de sus profesiones, para abordar los distintos problemas. Y luego los vecinos debatiríamos y la idea es que el debate nos lleve a poder armar una propuesta.

- Bueno, no me parece mal, ¿pero le parece que la Municipalidad después nos dará pelota? – Cuestionó desde sus yagas Julio.

- Y, sinceramente, yo creo que la verdad es que en este país nunca se sabe, pero también piense que en el barrio podemos llegar a ser muchas personas. Que después cuando vienen las elecciones somos votos. Y excusas técnicas no pueden tener, ya que con ayuda de los distintos profesionales que hay en el barrio, podemos llegar a hacer propuestas factibles. Y aunque tengamos después que ser muy insistentes para que nos den bola, si somos todo un barrio organizado en torno a una propuesta, creo que sería más fácil poder llamar la atención de los medios, y con eso les meteríamos bastante presión. Pero lo interesante sería que podríamos debatir qué acciones tomar y hacer una cosa consensuada y grupal que siempre puede ser más exitosa que las acciones individuales. Imagínese solamente 500 cartas llegándole al Jefe de Gobierno junto a la propuesta.

- Sí, puede ser. Pero también puede ser que los use para ir al baño y durante mucho tiempo no compre papel higiénico. – Siguió soltando gajos de desesperanza Julio.

- Sí, puede ser. Pero entonces imagínese las mismas 500 cartas llegando a cada uno de los periódicos y redacciones de noticias de los canales.

 

Cinco segundos de silencio. Arturo espectante, Julio dubitativo.

 

- ¿Y cuándo es esta reunión que me decías? Vos me podés tutear también, ¿eh? No sé por qué me tratás de Usted. Me hacés sentir muy viejo, tengo 39 pirulos nada más. – Le guiñó Julio y Arturo supo en ese momento no sólo que había vencido una barrera más sino que le pifió solamente por un año en su cálculo. Y además, que Julio tenía pinta de buen tipo.

- Mirá, nos vamos a juntar, este Sábado no, sino el que viene, en la plazita de Gualeguaychú, al lado de la cancha. Hay un loco en Segurola que alquila equipos de sonido y se ofreció a llevar unos parlantes y varios micrófonos para que nos podamos escuchar todos los que querramos hablar. Y la idea es que de la gente que vaya, los que quieran, hagan un listado por orden de prioridad de los problemas que les parece que se deberían solucionar en el barrio. Entonces lo llevan ese día y en ese momento se hace el recuento y así vemos cuál es el tema que más gente querría tratar primero. En base a qué tema sea, se ve entre los que hay, quiénes pertenecen a profesiones que podrían aportar información sobre el tema y se arma un equipo de trabajo para analizar distintas maneras de abordar el problema según sus conocimientos y nos elaboran un documento que imprimimos y repartimos. Entonces la idea es que para la reunión siguiente los vecinos ya se hayan informado del tema y entonces debatir los distintos caminos o propuestas. – Ya el tono de voz de Arturo a esta altura era totalmente distendido. Había logrado el equilibrio perfecto que buscaba desde el comienzo entre formalidad y proximidad.

- Bueno, yo me voy a pasar. A ver qué tal nos podemos organizar. Y, decime, tampoco tengo muchísimo tiempo que digamos pero, ¿podría dar una mano en algo?

- Mirá, la verdad es que ahora más que nada se trata de poder avisarle a toda la gente. Y son muchos, así que lo que estamos tratando de hacer es de repartirnos los edificios entre los que nos ofrecimos. Si te animás lo que habría que hacer es esto que estamos haciendo ahora, habría que hablar con los vecinos del edificio para contarles lo que estamos haciendo y, si les interesa venir, explicarles cuándo nos juntamos y cómo es la dinámica de trabajo que está prevista. ¿Cómo lo ves?

- Sí, yo creo que no tengo problema. En este edificio somos poquitos y me los cruzo a casi todos varias veces al día – Se apuntó Julio.

 

 

Mientras bajaba por el ascensor, Arturo, se iba pensando en que esto le iba a llevar algo de tiempo si realmente quería ocuparse y participar. Pero inmediatamente se dio cuenta de que estaba dispuesto a sacrificar alguno que otro programa deportivo. Total, lo que importaban eran los partidos y no las estupideces que dicen los “expertos”. Prefería prestar un poco más de atención a las alternativas que le iban a traer los expertos del barrio y cómo conseguir un lugar mejor en donde vivir.

 

Mientras se sacaba la camisa, el pantalón y los zapatos y se ponía el traje de liberación doméstica, Julio, se imaginaba lo que le diría Claudia, su mujer, cuando durante la cena le comentara todo esto. “¿Y vos qué pensás de esto? Bueno, ni me digas, ya me imagino, a vos de vez en cuando todavía te llaman las utopías, gordo. Estos deben ser los del Partido Comunista o algo así, ya me la veo venir…”. No, esto no tiene pinta de politiqueo, vamos a estar y opinar todos los que querramos estar y opinar. Y sí, era cierto, lástima que muy de tanto en tanto le llamaban esas utopías. Eso le daba un poco de tristeza en el fondo, pero él no tenía la culpa. Muchos esfuerzos se hicieron para que así fuera. De todas maneras, pensaba que Claudia sería su primer ejercicio en este nuevo trabajo de Promotor de la Participación Vecinal. Ya le había inventado un nombre y todo. Solamente después de un rato se acordó de ese compañero del laburo que siempre lee periódicos de afuera cuando le contaba que en Dinamarca la gente se junta y elige las cosas y no los políticos: “Y claro, mirá a los daneses estos, como tienen tanta guita les sobra el tiempo y se pueden juntar a pelearse con los vecinos. Como no necesitan tener dos laburos para llegar a fin de mes”. Ni le había prestado atención cuando le dijo eso, pero ahora se acordaba, y pensaba que podía ser que a ellos les sobre el tiempo y por eso se organicen, o también podía ser que a nosotros nos falte el tiempo, y otras tantas cosas, porque no nos organizamos.

 

 

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Metáfora-Cola

Cuando aparece una metáfora en nuestro discurso, sin darnos cuenta, estamos recurriendo a ciertas asociaciones que se encuentran en nuestro inconsciente, pero sobre todo en el subconsciente colectivo, para enriquecer nuestro mensaje. Si esta asociación no se encontrara en el subconsciente colectivo no sólo que no lograríamos enriquecer la idea que buscamos trasmitir, sino que nuestro mensaje correría el riesgo de llegar a ser incomprensible.

 

En la poesía y en diversos géneros literarios se recurre mucho a este tipo de recursos. Es comprensible, dado que no sólo es un recurso que permite enriquecer un mensaje, sino que también podríamos decir, si pidiéramos prestados algunos conceptos a la economía, que es un recurso maximizador, en el sentido que nos permite conseguir el efecto deseado (trasmitir una idea de la manera más completa y clara posible) utilizando la menor cantidad de recursos.

 

“El dulce néctar de tus labios” nos da una idea precisa del aspecto que deseamos resaltar de esos labios, empleando simplemente 6 palabras. Si no existiera ese efecto maximizador entonces deberíamos indicar, para trasmitir nuestra idea en relación a los labios, que al besarlos su textura resulta agradable al tacto y que de cuya degustación se desprende un sabor dulce utilizando, por ejemplo, 17 palabras. Asociamos aquello que todos conocemos del efecto de degustar un dulce néctar a la sensación obtenida de besar unos labios y no sólo que nos ahorramos palabras sino que llevamos inmediatamente al lector a una sensación que conoce para explicarle lo que sentimos al besar esos labios. E, inclusive, la acción de besar queda implícita en la metáfora sin necesidad de citarla explícitamente.

 

El uso de las metáforas por parte de los escritores es una fase más de la creatividad y es un motivo de halagos en los casos en que resultan originales y consiguen con pocas palabras trasmitirnos una idea con claridad para explicarnos lo desconocido a través de lo conocido.

 

Posterior o paralelamente a la literatura, las artes plásticas y audiovisuales también se valen del mecanismo de las metáforas pero asociando directamente ideas sin el paso intermedio por la palabra. Pero, al igual que la literatura, tienen que basarse en la existencia de determinadas asociaciones preexistentes en el subconsciente colectivo.

 

Y la publicidad, que nació con la idea de promocionar productos, al principio se dedicaba a describirlos y a resaltar sus ventajas y para ello también se valió de los recursos de los que se valen tanto la literatura, la plástica como las artes audiovisuales. Pero llegó un momento en que dio un paso más. Y no sólo que comenzó a utilizar las asociaciones existentes en el subconsciente de las masas sino que se especializó en introducir esas asociaciones para crear metáforas masivas en nuestras conciencias. ¿Cuántas veces escuchamos a un padre decirle a su pequeño hijo “¡esto, caca!” mientras le señala el peligroso toma de la electricidad? Metáforas paternales de protección. A las que también se les llama, en el argot paternal, “educación o crianza”.

 

Fue una vez que la fiesta había terminado y me dedicaba a llevar a la heladera las botellas que no estaban vacías cuando luego de estar ubicando cada una en el estante correspondiente, de pronto vi en mis manos que la última botella que quedaba por guardar era una de Coca-Cola. Y probablemente la falta de costumbre de tener esa botella en mis manos me hizo quedarme reparando en ella por un instante y en ese instante me di cuenta de la cantidad de metáforas que se habían creado en torno a esa imagen, a ese color rojo de la etiqueta sobre el fondo transparente del envase que permite ver el oscuro líquido con su blanca espuma, ese logotipo, la forma de esa botella.

 

120 años de publicidad. 120 años de trabajo de los mejores publicistas del mundo, cuyo resultado fue, probablemente, las mejores publicidades y campañas promocionales que pueden haber existido. ¿Cuántos valores, ideas y significados lograron esconder estos expertos de la maximización detrás de la imagen de esa botella? Definitivamente los suficientes para que esa palabra compuesta sea, luego del tan famoso “OK”, la palabra más reconocida y pronunciada en todo el mundo.

 

“Esto, caca”. “Esto, la mejor elección; todo va mejor con esto; beba esto; vive la sensación; la bebida más refrescante del mundo; deliciosa y refrescante; sensación de vivir”.

Que bien vendría ahora un vasito de Coca-Cola con hielo, ¿no?. ¿Y por qué no un vaso de agua fresquita?. Bueno, metáforas…

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