Wednesday, July 5, 2006

Limpieza

…y así fue mi historia, señores.

¿Triste?, ¡yo qué sé si triste!, si eso de la tristeza es una cosa que inventaron ustedes. Una palabra más de esas tantas que tienen y que tan poco les sirven para comunicarse.

Y no, la verdad es que tampoco podría señalarles a un único culpable. La industria fílmica norteamericana y los estereotipos que crea. O el instinto destructivo de la especie humana. U otra confusión derivada de esas palabritas que tanto les encanta poner a las cosas que ustedes mismos inventan. “Suciedad”. Creen que el aire está menos sucio lleno de insecticida que con algún que otro insecto dando vueltas. O, inclusive, si somos medio rebuscados para buscar culpables hasta podríamos hablar de esos que venden cosas por televisión y la última oferta esa de las aspiradoras multifunción. Esas que por llamar dentro de los 10 minutos posteriores al anuncio, de regalo vienen con un producto especial para limpiar alfombras. Claro que usándolo junto con la opción de limpieza a vapor de la aspiradora.

 

 

No, yo no hice nada raro, en serio. Me declaro inocente, sin duda. ¿Que daño puedo hacer por ponerme a tejer un rato y después echarme a dormir una merecida siesta hasta la hora de comer?. Al final tendría que haberle hecho caso a mi vecina que me decía que en veranito era apetecible ponerse a tejer en el jardín y pegar ahí mismo la cabeceada. Seguro que no hubiera terminado así.

Pero les aseguro que por más daño que les pudiera haber hecho, aunque ya les digo que es imposible, si tanto se creen las historias esas de Convenciones de Ginebra y tal, les aseguro que el castigo que me hicieron pagar fue un exceso absoluto. Si supieran la sensación escalofriante de estar plácidamente durmiendo la siesta y en una fracción de segundo verte envuelta por tu propio tejido recorriendo un oscuro tubo a 200 km/h. Sí, es duro de creer, lo sé. Pero así fue. Y no sólo eso, sino que al final del trayecto, que termina luego de estrellarse contra el fondo de esa celda oscura para ahí nomás quedar agonizante, una se da cuenta de que su agonía la vivirá envuelta de polvo y toda clase de desperdicios. Que es cierto, harán más corta la agonía, pero también la harán abominable. Se los aseguro.

Escúchenme una cosa, ¿qué daño les puedo llegar a hacer yo?. Yo sé que la televisión les comió el cerebro con tanta araña gigante y venenosa al igual que se los come a diario con las noticias, la prensa del corazón, los reality show y tanta película de Hollywood. Pero créanme, la mayoría no somos venenosas y las que lo son, viven muy lejos de los rinconcitos de sus techos. Al final todo esto les pasa por tener tanto palabrerío que al final sólo les acaba complicando las ideas.

Digan que ya no puedo, que si no los denunciaría yo por homicidio calificado. No representé ninguna amenaza para su salud, me comía a los bichos y mosquitos que tanto les joden la vida, evito que se tengan que llenar los pulmones de veneno. ¿Y me mandan a Abu Grahib simplemente por una cuestión de “limpieza”?. Déjense de joder.

 

Posted by pablogr at 02:15:51 | Permalink | Comments (2)