Lecciones de oncología para cerebros metastásicos
Años de investigación en la lucha contra el cáncer. Años de desarrollo de esta enfermedad y sus tratamientos. Años de historia de la “humanidad”.
El diagnóstico: no sólo no podemos en muchos casos tratar con éxito el cáncer, sino que, además, la Tierra también lo padece y en un estado muy avanzado.
Pero ¿qué es el cáncer?
Comencemos con las definiciones científicas: el cáncer es una proliferación acelerada, desordenada e incontrolada de las células de un tejido que invaden, desplazan y destruyen, localmente y a distancia, otros tejidos sanos del organismo.
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Proliferación, células, tejido…palabras que obviamente no escuchamos a diario, por ejemplo, en un bar. En clases de biología alguna vez las habremos estudiado y seguramente de memoria, así que mejor repasar algunos conceptos. La célula es la mínima unidad con vida. La vida se define como un proceso: nacer, crecer, reproducirse y, finalmente, morir. Cada célula del cuerpo se relaciona con el resto, en condiciones normales, de una forma cooperativa y provechosa para el conjunto del organismo. Un conjunto de células agrupadas de acuerdo a características similares o una función compartida constituyen un tejido. Y el organismo es el conjunto de órganos y tejidos que hacen posible la vida.
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Pero mejor, acudamos a la pedagogía para hacerlo más claro aún y entonces probemos con las analogías. Imaginemos la Tierra como un gran organismo. Como todo organismo, está compuesta por células. Entonces, imaginemos que cada ser vivo que habita la tierra, sea de la especie que sea, sería como una célula. Las plantas, los animales, cada uno hace lo mismo: nace, crece, se reproduce y muere. Y todo esto se lleva a cabo de una manera cooperativa y provechosa (o al menos no dañina) para el conjunto del organismo.
Pero de pronto, algo sale mal, una de esas células comienza a reproducirse incontroladamente. Y de pronto, donde existían distintos tejidos compuestos por mamíferos, herbívoros, aves, peces, árboles, plantas, flores, todos conviviendo cooperativamente. De pronto aparece un tipo de células, por ejemplo, la especie humana. Estas células proliferan, es decir, se replican o reproducen de una manera anómala. Comienzan a crecer y junto a ellas se forma una masa de tejido.
A esto es a lo que se le llama tumor. Un bulto de células anómalas. Y el ser humano sigue replicándose, superponiendo a los tejidos que anteriormente cohabitaban enormes bloques de cemento, pavimento y demás componentes que comienzan a invadir todo tejido vecino. Montañas, valles, mares, ríos, atmósfera, y capas cada vez más y más profundas del organismo terráqueo.
Respecto a los tumores, se suele hablar de que existen tumores benignos y malignos. Pero, en realidad, la diferencia radica básicamente en que los tumores llamados benignos, si bien no cumplen ninguna función útil para el conjunto del organismo tampoco resultan dañinos, mientras que los malignos claramente lo son hasta llegar a afectar el normal funcionamiento de una parte o la totalidad del organismo y que pueden proliferar hasta ocasionar la muerte de éste. Unas de las características propias de los tumores benignos es que no se disemina a otras áreas del organismo.
Imaginemos entonces, por un lado, una comunidad indígena. Un tumor de humanos, pero benigno. Conviven con los tejidos que lo rodean de manera cooperativa, sin resultar dañino para el conjunto del organismo.
Y luego, está la “civilización” más adelantada. Un claro ejemplo de tumor maligno. Fábricas, carreteras, centrales nucleares, turismo, extracción incontrolada de minerales y fósiles, tala de árboles, emisión de gases a la atmósfera, emisión de desechos a los mares, caza, pesca industrial, en una palabra: proliferación.
Si bien los tumores benignos pueden tener un nombre que hasta nos resulte simpático, no es más que otra trampa del léxico, muchos de ellos pueden finalmente malignizarse. Un cambio en un momento determinado en un fragmento del ADN de esas células los llevará, de un momento a otro, a comportarse exactamente igual que los tumores malignos.
Claro que los tumores celulares ni siquiera tienen un léxico propio, pero lamentablemente los tumores humanos sí que lo tienen. Y a esa malignización la llaman “desarrollo”. Eso es lo que buscan todos los tumores humanos malignos que, detrás de buenas intenciones (otra trampa de los tumores humanos de la cual carecen los celulares), pretenden colaborar en el desarrollo de los tumores benignos.
Los cánceres son capaces de propagarse por el cuerpo gracias a dos mecanismos: invasión y metástasis. La invasión es la migración y la penetración directa por las células del cáncer en los tejidos vecinos. La metástasis es la capacidad de las células del cáncer de penetrar en los vasos sanguíneos y linfáticos, circular a través de la circulación sanguínea, y después crecer en un nuevo foco (metástasis) en tejidos normales de otra parte del cuerpo.
Confiemos en los médicos e investigadores de todo el mundo. Confiemos en la especie humana y su desarrollo moral. Quizás, algún día, además de investigar y conseguir una solución definitiva para este mal que aqueja a la especie humana, quizás algún día podamos también abandonar nuestros comportamientos metastásicos.
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