El día de la patria

Joaquín Torres García - Uruguay
…y ese día la gente salió a las calles. No era un día más, se trataba del 25 de mayo. Era un día de celebración, de recordar el nacimiento de la patria, pero también de honrarla. Y así lo habían querido todos. Y así lo había entendido el Presidente de la República.
Los grupos de trabajo se organizaron desde los Centros de Gestión y Participación en base a sus actividades: infraestructura, educación, salud y trabajo.
Los delegados, designados por cada asamblea y colaborando con esos centros, habían estado trabajando desde hacía un mes para organizarlo todo. Algunas de las cosas que se esperan de ese día es que sea una jornada para la memoria y para la construcción, y entonces ellos, mientras “construían” la organización de ese día, hacían memoria. De ese mismo cosquilleo melancólico afloraba la memoria, esa sensación que uno puede sentir cuando mira los apuntes de la secundaria que se encuentra de casualidad en un cajón mientras ordena la casa. Momentos en los que en la construcción del presente se filtran guiños del pasado. Y el que se ocupaba de organizar los transportes, calcular cuántos micros harían falta, cuántos coches particulares se habían ofrecido, recordaba cuando la vieja manera de hacer política reinaba. El que se ocupaba de coordinar los talleres de promotores de salud, recordaba cuando la Cruz Roja ese día tenía que desplegar un operativo especial para proteger a la gente que, reunida en la Plaza, festejaba a un candidato o gobernante de turno y no a la Patria. El que se encargaba de coordinar los talleres de refuerzo formativo para los trabajadores se acordaba de cuando los Sindicatos eran unos de los que invertían en contratar micros para, haciéndole la “venia” al presidente de turno, transportar extras, que en muchos casos luego acababan siendo atendidos por la Cruz Roja.
El día había llegado. Es el único día festivo del año en que la gente puntualmente amanece a las 8 de la mañana y no aprovecha la justificada ausencia a su “responsabilidad productiva” para dejar una huella más profunda en el colchón.
A las 10 estaba cada uno de ellos en el sitio donde ya sabía de antemano que tenía que estar. Algunos se reunían en escuelas primarias, en Centros de Atención Primaria, en las oficinas de la municipalidad, en universidades, sindicatos y algunos, también, en plazas. Muchas plazas, infinidad de plazas, todas ellas honrando a la historia.
En algunas de ellas se organizaban los talleres de educación sexual para adolescentes, en otras talleres de formación y asesoramiento para trabajadores, en otras, clases de refuerzo para los niños con dificultades en determinados temas de la educación primaria, secundaria o universitaria.
Desde luego que todos los empleados estatales colaboraban en la organización del evento. Médicos, enfermeras, maestros, profesores, ingenieros, técnicos. Pero también participaban aquellos que tenían la formación necesaria y se ofrecían voluntariamente para, al igual que los empleados del estado, donar su salario de ese día para honrar a su patria.
No estaban todos obligados a participar, todo aquel que prefiriera utilizar dicho día para descansar o pasear podía hacerlo, sabiendo que aporta su salario de dicho día a la organización del evento.
Las brigadas partían hacia cada rincón del país, para poder acceder a las poblaciones más alejadas de las grandes ciudades. Habían también brigadas de infraestructura, salud, educación y trabajo. Las brigadas de salud se encargaban de preparar talleres de promoción de la salud, realizar controles generales a todas las personas que no tienen posibilidades de acceder con cierta periodicidad a un servicio sanitario. Médicos y enfermeras recorrían todas aquellas poblaciones efectuando controles generales a los pobladores, asesorando a las madres sobre los cuidados que podrían ofrecer a sus niños para prevenir enfermedades, organizando talleres de promoción de la salud en general. También se proveía de medicamentos y materiales a aquellos dispensarios que tuvieran necesidades.
Las brigadas de infraestructura llevaban materiales de apoyo a las escuelas rurales y dispensarios de salud, se ocupaban de realizar reparaciones y reformas en estos mismos lugares. Llevaban libros y material didáctico recolectados en todo el país de acuerdo a las necesidades de cada región. Las brigadas de educación organizaban jornadas para brindar apoyo a los niños que, de acuerdo a sus edades, tuvieran dificultades con determinados temas de la enseñanza básica. De la misma manera, las brigadas de trabajo asesoraban a los productores locales recomendándoles mejoras en sus producciones y asesorándolos en cuanto a posibles formas de organización regional para cooperar entre ellos mismos.
Todo el mundo con su escarapela prendida en el pecho, orquestas de banderas flameando en cada rincón del país.
Turistas desconcertados, dando vueltas por sus distintos destinos turísticos. Alertados al no saber si lo que estaba ocurriendo en ese país que visitaban era una revolución o de qué cosa se trataba.
-Actually, sir, this IS a revolution- respondió el conserje del hotel –But don’t worry, sir, this revolution is not about blood, is just about proud-
Confundido al principio, sorprendido más tarde y entusiasmado finalmente, luego de la completa explicación que el conserje le hubiera ofrecido sobre lo que estaba ocurriendo, el turista inglés no dudó un segundo en ofrecerse a participar en aquellos sitios donde estuvieran ofreciendo talleres de refuerzo sobre idiomas y él pudiera echar una mano.
No todo era necesidades básicas, también se organizaban en distintas universidades del país charlas entre científicos de distintas provincias para que en ellas pusieran en común las investigaciones que se estaban llevando a cabo en los distintos ámbitos y discutir logros, estrategias y orientaciones futuras. Parecía mentira que en una sola jornada se pudieran intercambiar tantas experiencias que redundaban finalmente en avances significativos en cada uno de los campos de investigación.
Puntualmente, a las 12 del mediodía, el país hizo una parada estratégica. Se trataba de compartir el almuerzo y brindar, por ellos mismos y por el país. Los delegados al respecto tenían preparados los choripanes, empanadas y bebidas que habían dispuesto los organizadores. Si bien no era nada opulento, el aire ya se venía perfumando desde las 11 de la mañana con el olor que provenía de las parrillas y eso ya era suficiente estímulo para el espíritu.
Algunos, precavidos o afortunados, también se habían llevado de sus casas algún que otro refuerzo alimentario, suficiente para repartir entre sus propias familias y algo más para poder compartir con aquellas familias que estuvieran en ese momento a su alrededor y, por el motivo que fuera, no hubieran podido llevarse también ese refuerzo a pesar tal vez haberlo deseado.
Las actividades continuaron ininterrumpidamente hasta las 6 de la tarde, momento en que ya se habrían alcanzado la mayoría de los objetivos buscados. Religiosamente las radios se encendieron esperando la llegada del Mesías radiofónico que en este caso no hablaría de ningún evangelio. El silencio se hizo casi absoluto en lo alto y ancho del país, el Presidente saludó a la población. No había tono de arenga, no había tono de anuncio publicitario, en su voz lo que brillaba era la emoción. Emoción envuelta de orgullo, naturalmente. El orgullo que puede sentir un presidente sabedor de la responsabilidad que tiene, él mismo y cada uno de sus compatriotas, y que ahora se veía en un único e inconfundible gesto de satisfacción.
Durante todo el día el gobernante habría estado recorriendo el país, en coche, en helicóptero, en avión. Había sido testigo de eso que los turistas confundían con una revolución. Y llegado este momento sólo quiso compartir la emoción que vivía, parecida a la que vivían sus compatriotas. No habló de ninguna campaña electoral, no habló de ningún balance de gobierno. No era el momento. Era momento de honrar la memoria y construir el presente. En eso mismo se basó su discurso: citó frases de algunos próceres de la Historia del país agregando como epitafio el orgullo que estaba seguro que sentirían estos antepasados si hubieran podido ser observadores de esa jornada patriótica. A continuación, remató su oratoria con los datos finales del balance de dicha jornada. Cuántos recursos se movieron, de dónde provinieron, cuántas personas participaron por parte del gobierno, cuántas como voluntarias, cuántas participaron de las actividades.
En todo el país una sola voz se oía, ni un solo murmullo opacaba la emisión radiofónica. Parecía como si hasta los pájaros hubieran decidido dejar de cantar en ese momento y el viento de soplar. Hablaba el presidente y no estaba hablando de política, o sí. Un gesto se repetía: hombres tomando de la mano a sus mujeres, padres agitando las cabezas de sus niños mientras los iluminan con ojos humedecidos. Orgullo que afloraba. Familias que nunca antes se habían visto en su vida que se intercambiaban miradas de fraternidad.
“…hermanos y hermanas, mañana será otro día, mañana seguramente la mayoría de las cosas seguirán sucediendo como venían sucediendo hasta ayer. Volveremos a nuestros trabajos, a nuestras obligaciones, volveremos a afrontar las dificultades de cada día y a disfrutar de las alegrías de cada día. Pero hoy, en este día tan simbólico, todos, cada uno de nosotros, volveremos a nuestras casas y nos iremos a dormir con el pecho ensanchado. Casi tanto como el vasto y hermoso territorio que hoy hemos honrado. Hoy, queridos amigos, hoy, sin duda, nos iremos a dormir sabiendo que en este maravilloso día todos estuvimos juntos, todos nos hemos abrazado y en ese abrazo hemos engrandecido enormemente nuestra patria.”
Posteriormente, luego de la despedida del Presidente de la Nación y del aplauso uniforme que brotó desde cada rincón del país, desde la Casa de Gobierno, tomó el “mando” de la ceremonia aquella conocida cantante que tan identificada con la idea de patria estaba y que compartió con todos los oyentes del país dos canciones: una de ellas que era el símbolo del nacionalismo, sano, constructivo (el Himno Nacional); y otro de hermandad con los países hermanos (Canción con todos).
Con todos, sí. Todos cantaron, todos rieron, todos crecieron y con ellos un sentimiento de fraternidad, de orgullo, de saber que ese día también se habló de política, ese día se hizo política y la hicieron aquellos que sin darse cuenta la hacen cada día. Pero esta vez, concientes de ello y al unísono.
No se si paso asi, no se si es un sueño tuyo…, pero
creo que puede traicionarte la “nostalgie”, si crees que es asi… Es
verdad que se hagan cosas, ¿pero no crees ni un poquitito en la
demagogia? Y acordate que yo creo en la gente, pero a veces tengo
cierta percepcion aguda de tufillos non sanctos….
Lo importante, me cuestionaras, es que algo se haga, pero cuando las
cosas se hacen desde el ideal, desde el corazon, desde el ejemplo,
desde la gente, y es choto, lo se, pero cuando sabes publicamente, y
por fuentes confiables, fidedignas, que “los lideres” provienen de
feudos provinciales, las lagrimas se te secan, la emocion se te
congela, y decis “no mas de los mismo”, y otras vez, te mandan los
sueños al carajo mismo. Debo estar gris, lo siento, pero desde este
lado del oceano tal vez las cosas no sean negras, lo reconozco, pero
tampoco son de un rosa palido divino….
Lo mas triste, lo que mas duele, no es que lo creamos nosotros, que tal
vez tenenmos algo de espiritu critico, sino que lo crea quien no tiene
acceso, pero por suerte cada vez hay mas gente que no se la cree, eso
es lo esperanzador, que no se contenta con el chori y el vino, y “el
viaje a la Capital”, esos que “ellos” pretenden manipular por suerte no
estan mas, eso es lo maravilloso, y es que tal vez la gente fue por la
Patria en serio, y no por hacerle el guiso a nadie…
He dicho
abrazo grande, y realmente positivo de la Comandante
pd: vasto es grande, basto es el que viene luego de espada…
No sé si te fijaste que el post está dentro de la categoría “SUEÑOS”.
Y gracias por lo vasto de tu comentario…lástima que en el teclado la V y la B están una al ladito de la otra (¿suena convincente?)
Un abrazo!
Amici:
imagine que viniendo de vos era mas un sueño, una utopia, que un reflejo de la realidad… Si a eso le sumamos tu mapa, en el cual, nosotros somos el Norte…, porque “pero aqui abajo, abajo (…) el Sur, el Sur tambien existe…” (cantado por el Nano, con toda la fuerza…, aunque es de Mario, si no me equivoco ¿?)
otro beso y abrazo, desde este maravilloso continente de arrabal y nostalgia, de sueños y esperanzas….
pd: ¿viste que paradoxal? la A y la Z tambien estan cerquitita…
pd2: espero que lo de mi “vasto” mensaje no haya sido una ironia…
pd3: va un regalo, que recorde en torno a lo del mapa (tal vez lo conoces…)
mi mapa