193 muertos y la culpa la tiene Ibarra

Palabras más, palabras menos, lo que dicen los periódicos de distintas partes del mundo -cada cual con su tonadita propia- es que “ha sido destituido el alcalde de Buenos Aires”.
Bueno o malo, es un hecho que sienta un cierto precedente. Ese que en el palabrerío de una sala de juzgado es “jurisprudencia”.
Bueno
La democracia funciona. Hay mecanismos de control que se pueden poner en marcha llegado el caso y mediante los cuales se pueda conseguir que aquel empleado que no está haciendo las cosas bien de acuerdo a los motivos por los que fue contratado, se lo despida.
No habían demasiados antecedentes al respecto, lo cual significa que este ha sido un primer paso y los primeros pasos se suelen festejar. Pero también esa falta de experiencias previa jugó un rol, el que juega siempre, queramos o no, la inexperiencia.
También sabemos que la Argentina suele sur un país snob. Las tendencias marcan el rumbo. Y esto es posible que también llegue a ser una de esas modas.
Malo
La política no deja de asomar su cara más hipócrita una y otra vez. Y al hacerlo, como de costumbre, deja a la pobre democracia llena de moretones.
Los periodistas informan, a veces buscando la objetividad y a veces haciendo lecturas (de sus propias opiniones).
Encontramos repetidas coincidencias, según ellos, en torno a que uno de los motivos principales de la destitución de Ibarra haya sido su debilidad política, entendida como la falta de un bloque de votantes de su mismo partido que lo respaldara. Entonces, ¿se trata de que lo destituyen porque en un juicio lo encuentran culpable de algo o simplemente es un juego de grupos de personas que actúan corporativistamente para obtener ventajas que les favorezcan en su camino hacia el poder? Los cronistas hablan de esto segundo que, lamentablemente, es lo más desesperanzador para aquellos que llegaron a creer que los políticos son nuestros delegados para elegir lo más correcto para todos.
Imagino a Mafalda exclamando: “¡pobre democracia! Al final…sin comerla ni beberla se acaba llevando los palazos”.
Anecdótico
El otro día, cuando aún no había sido destituido el alcalde, mientras escuchaba una de esas radios para jóvenes, se planteó en un momento un mini debate en torno a este tema. Y uno de los locutores que dirigen el programa comentó algo así como que “si lo destituyen a Ibarra, al final somos todos unos boludos”. Y luego de ese comentario un barullo proveniente de la sorpresa del resto de los locutores invadió el espacio radial, ante lo cual el locutor que había ocasionado tuvo que explicarse: “Sí, somos unos boludos si nos dicen que la culpa de todo esto la tiene solamente Ibarra. Porque nos tendríamos que empezar a cuestionar unas cuantas cosas más que nos competen a todos los argentinos, además de si el Alcalde hizo o no las cosas bien. La culpa de lo que pasó en Cromañón la tienen desde el grupo que organizó un concierto en un lugar así, hasta las personas que fueron y llevaron bengalas, hasta las personas que fueron a un lugar así con niños pequeños, hasta el inspector que habilitó ese lugar…y la lista, tarde o temprano, nos llegaría a nosotros mismos. Entonces no seamos boludos y si queremos respuestas sobre Cromañón pongámonos a buscarlas en serio”.
Lástima que a los programas que son de y para los jóvenes no se les toma demasiado en serio lo que dicen, pero no leí hasta el momento ninguna crónica de los “especialistas” que no nos trate de “boludos”.
Y después
Seguramente cada uno de estos bloques políticos ya sabe cuál será su próxima estrategia a seguir de acuerdo a esta jugada democrática. Sabe cuánto lo benefició o perjudicó. Sabe cuánto influirá todo esto en las próximas elecciones y en base a eso qué pasos dar en su caminito hacia al poder.
Seguramente, también, nosotros seguiremos dándole 20 pesos al policía para que no nos ponga una multa al haber cometido una infracción, llamando al amigo de un amigo para que “nos ayude” a sacar el registro, y, llegado el momento que tengamos una discoteca, “tirándole unos mangos” al de la municipalidad para que nos habilite el local o aceptando que el grupo que representamos toque en un lugar que no cumple con todas las normas de seguridad con tal de que el porcentaje de ganancia que tengamos sea mayor.
Y seguramente la rueda de la democracia, con más o menos moretones, seguirá rodando.