Entre recuerdos y ríos
(a la memoria del Dr. Martín Grinstein)
Aquel libro entre sus manos lo puso a pensar: “los antepasados”. Y pensaba en la idea de que las familias tienen una tradición. Sí, por qué no, las familias suelentener una tradición. Una familia de notarios, de empresarios, deterratenientes, de médicos, de músicos, de actores. Se le ocurría queseguramente habían determinados rasgos comportamentales que eran trasmitidosgenéticamente de una generación a otra. Y eso seguramente llevaba a que sehablara de que tal familia era muy generosa de tradición o muy avara, de queeran personas muy queridas o muy odiadas tradicionalmente y tantas afirmacionesque tantas veces había oído al respecto. Había oído hablar –y visto- latradición de los Finberg de tener una relación muy característica entre susmiembros y de ser luchadores aguerridos en la vida, pero sobre todo en el mundodel comercio.
Entoncesse dio cuenta de lo injusta que resultaba la historia, sobretodo por latradición de la familia “especie humana”: el patriarcado (machismo). A pesar deque seguramente una parte de esa tradición heredada genéticamente vendría porparte de la madre, siempre al pensar en los antepasados de una familia se sueleseguir el recorrido por el lado masculino. De forma tal que nunca se apreciacuál es la tradición familiar por descendencia femenina. Claro, qué iban adecir, ¿una familia de tradición de amas de casa?
Peroese libro que tenía entre sus manos, “Entre recuerdos y ríos”, de Marcelo Dain,le hizo preguntarse cuál sería la tradición de los Dain, de su familia. Y la imagenle resultó demasiado clara: la tradición de los Dain era ser gente empecinadaen aparecer en libros.
Sí,eso era, “aparecer en libros”. Hacer resonar entre letras impresas un nombreque nació teniendo que huir de toda posible tradición. Su bisabuelo, en épocade los zares, había tenido que cambiarles el apellido a algunos de sus hijospara salvarlos de las miserias de la guerra. Y ahora, como venganza, quererperpetuarlo.
Eraeso aquella sed incansable que mueve a los Dain a siempre querer más, a nuncaconformarse. Esa especie de ambición que en realidad no es más que tradición.
Pensabaen su abuelo, que no paró hasta aparecer en libros de biología; en su tío, queseguramente no se detendrá hasta aparecer en libros de física; su hermano, quese fue a Israel porque quiere que los libros en los que él aparezca sepubliquen primero en hebreo; sus otros hermanos, quién sabe, quizás también enlibros de biología o de derecho o política.
Asu primo, la tradición lo llevará a no detenerse hasta aparecer en libros sobrela televisión. Y su padre, un caso aparte. Él aparecerá en libros trasmitidosde boca en boca. Claro, artesanales. Libros que comenzarán a escribirse en lasbocas de tantas personas que han estado a su alrededor, serán portadoras de laleyenda y ocasionarán la reacción en cadena, relatándoles a sus descendientes ypersonas cercanas: “¿Sabían una cosa? yo una vez conocí a un soñador, en unaépoca en la que ya todos los demás habían pasado sus sueños por un enjuague depragmatismo”. Se le estiraba la cara por la sonrisa que le generaba la idea deque si pudiera calcularse la cantidad de ejemplares de ese libro que acabaríancirculando por el mundo, sería un best-seller.
Yahora entendía muchas palabras que tantas veces salieron de su boca cuando buscabajustificar su propia existencia. Esa idea de que se sentiría conforme con pasarpor este mundo, como mínimo, sin joder a nadie o, mejor aún, si llegara a poderayudar a alguien. Pero, lo más enfático de la idea era la necesidad de podertrasmitir esos mismos valores a sus descendientes. Y eso le pareció un rasgomuy particular de la tradición de su familia. Una tradición lanzada hacia elfuturo. Toda tradición clásica se basa en rendirle un homenaje a los valores delos antepasados, ayer. En cambio, la tradición de los Dain se basa en construiruna historia que fue arrebatada por la Historia, mañana.
Alpensar en la heroica y admirable misión –estratégicamente hablando- cumplidapor su tío abuelo, una sonrisa, de esas de complicidad, se le dibujó en elrostro. Conseguir él mismo que su nombre figurara en un libro y, al mismotiempo, darle la oportunidad a su padre de hacerlo. Retrucándole así a lahistoria que si en su momento su padre no apareció por sí mismo en un libro nofue porque no hubiera hecho méritos, sino por las circunstancias históricas. Yahora, él, en este siglo, consigue con una única maniobra generar su aporte yel de su padre a la tradición familiar: perpetuar un nombre que debióextinguirse y transformarse en otro, con tal de perpetuar la vida de susportadores.


