Friday, March 31, 2006

Entre recuerdos y ríos

(a la memoria del Dr. Martín Grinstein)

 

Aquel libro entre sus manos lo puso a pensar: “los antepasados”. Y pensaba en la idea de que las familias tienen una tradición. Sí, por qué no, las familias suelentener una tradición. Una familia de notarios, de empresarios, deterratenientes, de médicos, de músicos, de actores. Se le ocurría queseguramente habían determinados rasgos comportamentales que eran trasmitidosgenéticamente de una generación a otra. Y eso seguramente llevaba a que sehablara de que tal familia era muy generosa de tradición o muy avara, de queeran personas muy queridas o muy odiadas tradicionalmente y tantas afirmacionesque tantas veces había oído al respecto. Había oído hablar –y visto- latradición de los Finberg de tener una relación muy característica entre susmiembros y de ser luchadores aguerridos en la vida, pero sobre todo en el mundodel comercio.

  

Entoncesse dio cuenta de lo injusta que resultaba la historia, sobretodo por latradición de la familia “especie humana”: el patriarcado (machismo). A pesar deque seguramente una parte de esa tradición heredada genéticamente vendría porparte de la madre, siempre al pensar en los antepasados de una familia se sueleseguir el recorrido por el lado masculino. De forma tal que nunca se apreciacuál es la tradición familiar por descendencia femenina. Claro, qué iban adecir, ¿una familia de tradición de amas de casa?

Peroese libro que tenía entre sus manos, “Entre recuerdos y ríos”, de Marcelo Dain,le hizo preguntarse cuál sería la tradición de los Dain, de su familia. Y la imagenle resultó demasiado clara: la tradición de los Dain era ser gente empecinadaen aparecer en libros.

Sí,eso era, “aparecer en libros”. Hacer resonar entre letras impresas un nombreque nació teniendo que huir de toda posible tradición. Su bisabuelo, en épocade los zares, había tenido que cambiarles el apellido a algunos de sus hijospara salvarlos de las miserias de la guerra. Y ahora, como venganza, quererperpetuarlo.

Eraeso aquella sed incansable que mueve a los Dain a siempre querer más, a nuncaconformarse. Esa especie de ambición que en realidad no es más que tradición.

Pensabaen su abuelo, que no paró hasta aparecer en libros de biología; en su tío, queseguramente no se detendrá hasta aparecer en libros de física; su hermano, quese fue a Israel porque quiere que los libros en los que él aparezca sepubliquen primero en hebreo; sus otros hermanos, quién sabe, quizás también enlibros de biología o de derecho o política.

Asu primo, la tradición lo llevará a no detenerse hasta aparecer en libros sobrela televisión. Y su padre, un caso aparte. Él aparecerá en libros trasmitidosde boca en boca. Claro, artesanales. Libros que comenzarán a escribirse en lasbocas de tantas personas que han estado a su alrededor, serán portadoras de laleyenda y ocasionarán la reacción en cadena, relatándoles a sus descendientes ypersonas cercanas: “¿Sabían una cosa? yo una vez conocí a un soñador, en unaépoca en la que ya todos los demás habían pasado sus sueños por un enjuague depragmatismo”. Se le estiraba la cara por la sonrisa que le generaba la idea deque si pudiera calcularse la cantidad de ejemplares de ese libro que acabaríancirculando por el mundo, sería un best-seller.

Yahora entendía muchas palabras que tantas veces salieron de su boca cuando buscabajustificar su propia existencia. Esa idea de que se sentiría conforme con pasarpor este mundo, como mínimo, sin joder a nadie o, mejor aún, si llegara a poderayudar a alguien. Pero, lo más enfático de la idea era la necesidad de podertrasmitir esos mismos valores a sus descendientes. Y eso le pareció un rasgomuy particular de la tradición de su familia. Una tradición lanzada hacia elfuturo. Toda tradición clásica se basa en rendirle un homenaje a los valores delos antepasados, ayer. En cambio, la tradición de los Dain se basa en construiruna historia que fue arrebatada por la Historia, mañana.

Alpensar en la heroica y admirable misión –estratégicamente hablando- cumplidapor su tío abuelo, una sonrisa, de esas de complicidad, se le dibujó en elrostro. Conseguir él mismo que su nombre figurara en un libro y, al mismotiempo, darle la oportunidad a su padre de hacerlo. Retrucándole así a lahistoria que si en su momento su padre no apareció por sí mismo en un libro nofue porque no hubiera hecho méritos, sino por las circunstancias históricas. Yahora, él, en este siglo, consigue con una única maniobra generar su aporte yel de su padre a la tradición familiar: perpetuar un nombre que debióextinguirse y transformarse en otro, con tal de perpetuar la vida de susportadores.

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Saturday, March 25, 2006

Identidad

www.desaparecidos.org

Identidad, suma deidentidades.

Realidad, suma derealidades.

¿Quiénessomos? Se preguntan ellos

¿Quién soy? Mepregunto

 

 

El solno es sol por serlo, el sol es sol por cómo se refleja en mis ojos. Existe, notal como es, sino tal como lo veo.

¿Quiénsoy? Mi historia, mi realidad.

Suenael despertador, abro los ojos y mis padres ya no están. Nunca estuvieron. En sulugar me encuentro a dos actores y a unos cuantos más. Ante mis ojos sedesvanece todo recuerdo al ritmo de una cinta de video que arde bajo el fuego.Reconozco la belleza en la escenografía pero ya no me reconozco, mi vida mutaen reality-show.

Siemprepreguntándome quién soy. Quién soy, dentro de esa realidad construida pormiradas. Y ahora esa mirada se consume en el fuego.

- ¡Mamá, papá!¿Dónde están?

Subirse a un avión,descubrir miradas nuevas –realidades- y construir un yo.

O despertarse,abrir los ojos, y de pronto ver derrumbarse toda construcción.

- ¿Quién soy?

- Sos adoptado

Golpe a la realidad.

En fin, me quedésolo y estos actores asumieron unos personajes. El guión decía que me teníanque cuidar y dar cariño. No está tan mal.

- Mi papá es militar

- ¿En serio?

- Sí, en serio.

- ¿Y torturó o matóa alguien?

- ¡Cómo va atorturar a alguien! ¡Es mi papá!

 

Personaje uno,capítulo uno: militar, padre, marido, jefe de familia, hermano, hijo.

Capítulo dos:censurado.

 

¿¡Pero entonesquién soy!?

La preguntaresonando y su eco viajando por una ciudad, una provincia, un país.

 

ADN, muestras desangre, censura, fotos, legajos, expedientes, censura, recuerdo,olvido, censura, discursos, censura.

¿Quiénes somos?

Sumade identidades. Identidades construidas en base a sumas de realidades, demiradas.

 

Realidades, suma derealidades.

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Friday, March 24, 2006

Medios de comunicación y producción cultural: al final ganará el mercado

Lo estamos viviendo con los medios de comunicación escritos: la crisis en la prensa escrita lleva a los periódicos a salir al mercado con ediciones que incluyen películas o discos de música para atraer a los lectores. En definitiva, parece que la gente sólo quiere informarse a través de aquellos periódicos con cierta historia y, a veces, reputación, sólo en aquellos casos en que obtengan a cambio alguna ventaja tangible más allá de la información “rigurosa”.

 

Las causas de esto hay quienes sostienen que están relacionadas con una pérdida de credibilidad hacia la prensa, lo que lleva a la gente a no querer invertir dinero en ser engañada y por eso les es suficiente con ser engañados gratuitamente, como por ejemplo a través del Metro, el 20 Minutos, el Qué! u otros medios -de pago- que ofrecen acceso a cierta parte de la edición escrita a través de Internet.

Y estos medios gratuitos, que no reciben sus ingresos de la venta de sus productos informativos sino de la creación de espacios que captan una audiencia útil para promocionar distintos tipos de productos, se convierten en tablones de anuncios de alta efectividad. La misma efectividad que, medida en audiencia, es la que establece el valor del contenido de la “señal” emitida por ese medio. Y así influye en los distintos productos que se crean para ese medio, los moldea, los decora y hasta llega a devorar su esencia. La música, el cine, las noticias. Todo moldeado por la búsqueda de esa efectividad.

Así el mercado ha ido capturando cada uno de los espacios de difusión y las producciones culturales de todo tipo.

En el caso de la televisión, primero en forma de breves espacios de anuncios publicitarios, que de breves han ido pasando a ser bloques de hasta 15 minutos por hora. Luego, sin conformarse con tener espacios propios, ha ido invadiendo los contenidos y entonces mientras estamos viendo un programa en el cual nos muestran el día a día de un hospital, de pronto aparece uno de los médicos más creíbles de todo el elenco aconsejándonos que contratemos tal o cual seguro de salud. O, tal vez un poco más sutil, cuando en un desayuno de esa familia que tan bien cae a la gente, en un determinado momento de la escena el plano principal se lo lleva un cartón de tal o cual leche.

En la radio el fenómeno es muy similar. Pero posiblemente por llevarle algunos años de ventaja a la televisión, su avance haya sido más profundo aún. Nadie se extrañará hoy en día por estar escuchando la trasmisión radial de un partido de fútbol y que, entre jugada y jugada, nos recomienden todo tipo de productos, relacionados con el deporte o no. Y lo mismo en cualquier tipo de programa, sea informativo, musical o de actualidad.

Entonces es cuando hace su entrada en escena Internet, como una poderosa herramienta pero de doble filo. Por un lado, ofreciendo millones de nuevas posibilidades todas convertidas en espacios para ofrecer todo tipo de productos, incluidos los virtuales. Y con la ventaja de ser, a la vez, una fuente de estudios de mercado ocultos a veces detrás de inocentes cuestionarios que el usuario debe rellenar para acceder “gratis” a tal o cual contenido, cuando no a través de programas espías que delatan nuestras costumbres dentro de la red. Lo que generalmente desconoce el usuario es que esos inocentes cuestionarios quedan almacenados en nuestros ordenadores o en los servidores que nos ofrecen dicho contenido. Luego de esto, casualmente, al entrar en determinadas páginas se nos abren mágicas ventanas que nos ofrecen productos siempre –también casualmente- relacionados con nuestros hábitos de consumo y con el perfil de consumidor que representamos. Lo mismo sucede con los programas informáticos: cada vez son más las herramientas informáticas que nos ofrecen poder ser utilizadas de manera gratuita, siempre y cuando toleremos recibir en una determinada sección de la pantalla ofertas comerciales, siempre a la medida de nuestras “necesidades”.

Pero, por otro lado, también es cierto que a través de Internet se consiguen violar ciertas leyes del mercado: descargarse libros, música, películas y, últimamente, hasta acceder a canales de televisión de cualquier parte del mundo, sean estos de pago o no.

Y el mercado sigue su feroz lucha por conquistar cada pequeño segmento de nuestras vidas y, dentro de ellas, las producciones culturales de la humanidad. En el cine ya lo vemos al igual que en la televisión, sin entrar en la faceta propagandística camufladas en apasionantes historias que este medio suponga, de la misma manera que nuestros héroes televisivos nos invitan a consumir determinados productos con nombre y apellido, en el cine ocurre lo mismo.

La música, ya hace tiempo que está influenciada por esto: la duración de las canciones no debe superar tal cantidad de minutos si queremos que las posibilidades de que sea emitida por la radio no disminuyan, distinguimos dentro de cada estilo musical su vertiente “comercial” de las demás. Y, ahora, el desafío es que más allá de ser comercial o no, podemos prescindir de pagar las desproporcionadas sumas que nos piden por un CD descargando canción por canción (cuando no una discografía completa) desde el ordenador de otro cibernauta, sin abonar un céntimo por esto.

Mirando un poco hacia atrás seguramente no faltará quien afirme que al menos uno de los futuros imaginables de la música pudiera llegar a ser su mutación en una producción universal de jingles, reemplazando entonces sus contenidos, pasando de aquellas reiteradas manifestación de rebeldía, historias de amor, de encuentros y desencuentros, de soledades o alegrías, para ser simplemente la provocación del consumo de tal o cual producto. El “qué bien me siento caminando por la orilla del mar contigo” podría llegar a ser el “qué bien me siento caminando con mis nuevas Nike”, de declararle el amor a Lillian podríamos llegar a escuchar a nuestro cantante favorito declarándoselo a una botella de Coca-Cola.

De esta forma la música cedería su esencia y todo mensaje para convertirse en un nuevo tablón de anuncios, en este caso, acompañado de percusión, armonías y melodías. En ese momento, lo mismo dará si el consumidor paga o no por acceder a dicha producción artística, lo importante y que hará la diferencia entre un compositor o interpreté sobre otro será el efecto que provoque el músico con sus letras y arreglos musicales para generar necesidades de consumo en sus admiradores.

Y al final, ganará el mercado…

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Tuesday, March 21, 2006

Brainback mountain

 

www.rebelion.org

 

Las burbujas de la Budweisser se arrojaron por la garganta de John como un grupo de paracaidistas abordando un territorio enemigo. Por suerte, su sistema de defensas estaba activado y el hongo atómico de su eructo contrarrestó eficientemente el ataque. John, sin darse cuenta del intento de ocupación que acababa de sufrir, seguía con sus ojos –y conciencia- esclavos de la CNN, atentos al discurso del Ministro de Defensa que invadía en directo el salón de su casa.

 

 

 

“Esta es una guerra, una guerra contra el terror. Perseguiremos hasta el último terrorista que haya sobre la faz de la tierra. Y todo Estado que albergue y encubra a los terroristas y apoyen sus ideas serán nuestros enemigos y tomaremos con ellos las medidas que creamos necesarias para defender al pueblo de los Estados Unidos de las amenazas que estos supongan y, a la vez, llevaremos la Libertad a los pueblos oprimidos”.

 

El ruido de la cadena del baño llevándose todo aquello que el riñón de Tim había decidido que no era conveniente para el organismo opacó por un instante las palabras del señor Ministro. Tim entonces apareció por el salón de la casa, acabando de subirse la bragueta y acomodando el bulto que debajo se escondía y que tanto orgullo le había dado entre sus amigos, sobretodo durante su adolescencia. El problema era que también hoy en día era de una de las pocas cosas de su vida con las que podía presumir.

 

“¡Ay Johnny, qué desgracia!” – dijo Tim con la misma resignación con la que un cowboy se da cuenta de que se le murieron 3 vacas.

 

“Sí, Tim. Estos islamistas hijos de puta van a acabar consiguiendo que nos de miedo hasta ir al bar.”

 

Los ojos de Tim llevaron a la nuca de Johnny un tanto más de esa resignación y un tanto más de cariño compasivo.

 

“No, Johnny, digo qué desgracia porque si donde dice terror pones comunismo y donde dice terrorista pones comunista, esta mierda ya da miedo, y si además lo sacas a Rumsfled y lo pones a Mc Carthy, ya es un poco más. Pero si encima te das cuenta de que Bush no es ni Eisenhower ni Truman entonces ya da pánico. ¿Sabes cuál es la desgracia? Que en cualquier momento le vamos a caer mal a algún funcionario, se va a encargar de “demostrar” que somos terroristas y vamos a terminar o en la silla eléctrica o, lo que es peor, en Guantánamo”.

 

Por alguna extraña razón, la música sobre la cual intentaba dominar a su potro la exuberante rubia que se agitaba sobre el caballo vistiendo un bikini (y un sombrero de cowboy) en el anuncio de Budweisser fue más contundente a la hora de captar la atención de John que la tristeza de Tim. Y la resignación de Tim se convirtió en rendición al dejarse caer en el sillón, momento que fue oportunamente aprovechado por otro grupo de burbujas paracaidistas para llevar a cabo exitosamente su ocupación.

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Tuesday, March 14, 2006

La vuelta

Una noche con altura divina y más fluidos satánicos emanando de esas apestosas cucarachas.

 

El ruido. Miró su mano y sonrió.

¿De qué se ríe? – preguntó el camarero

De que te creés camarero pero sos antropólogo – Le respondió la mosca

 

 

 

¡Vuelvan, vuelvan, que se hace de noche!

Escalofríos por la espalda. Otra vez la misma historia.

 

Llorar mucho.

“Ese portazo limpiará la ciudad”. Y así salió caminando y recorrió kilómetros de desierto hasta que ahí estaba el diariero.

Más noticias de mañana. Nada nuevo, sólo sangre.

 

¡Volvé, volvé, que ya está la comida!

La gota que no para de estrellarse contra la olla sucia.

 

El diario ya se había acostumbrado a ser un barco, así que tuvo que enterrar en la arena hasta que pudo ver a los primeros tiburones.

 

Pero es un barco, no un submarino – dijo el delfín

Nadie le pidió la opinión a un cactus – le respondió, ofuscado

 

“Y esa bola de luz que no me deja de mirar, ¿acaso no tiene nada mejor que hacer? Digo…dar vueltas alrededor de algún planeta o algo así”.

 

¡No lo mires, es un hechicero!

El chispazo no falló. Calló tendido al suelo agitando la arena a su alrededor y colaborando en un triple salto mortal de hormiga. La hormiga, agradecida por la inyección de adrenalina, pero la arena se puso como loca y empezó a dar vueltas y más vueltas hasta convertirse en tornado.

Vueltas y más vueltas.

¡Volvé, volvé!

 

“¿No ves que no puedo, que me tiene atrapado?”

 

La noche estaba divina, lástima que el sol no lo dejaba en paz. Pero por todo lo demás, era una noche fabulosa. De esas que te hacen sentir vivo. Tan vivo que ya no pudo volver.

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Friday, March 10, 2006

193 muertos y la culpa la tiene Ibarra

Palabras más, palabras menos, lo que dicen los periódicos de distintas partes del mundo -cada cual con su tonadita propia- es que “ha sido destituido el alcalde de Buenos Aires”.

 

Bueno o malo, es un hecho que sienta un cierto precedente. Ese que en el palabrerío de una sala de juzgado es “jurisprudencia”.

 

 

 

Bueno

La democracia funciona. Hay mecanismos de control que se pueden poner en marcha llegado el caso y mediante los cuales se pueda conseguir que aquel empleado que no está haciendo las cosas bien de acuerdo a los motivos por los que fue contratado, se lo despida.

No habían demasiados antecedentes al respecto, lo cual significa que este ha sido un primer paso y los primeros pasos se suelen festejar. Pero también esa falta de experiencias previa jugó un rol, el que juega siempre, queramos o no, la inexperiencia.

 

También sabemos que la Argentina suele sur un país snob. Las tendencias marcan el rumbo. Y esto es posible que también llegue a ser una de esas modas.

 

Malo

La política no deja de asomar su cara más hipócrita una y otra vez. Y al hacerlo, como de costumbre, deja a la pobre democracia llena de moretones.

Los periodistas informan, a veces buscando la objetividad y a veces haciendo lecturas (de sus propias opiniones).

Encontramos repetidas coincidencias, según ellos, en torno a que uno de los motivos principales de la destitución de Ibarra haya sido su debilidad política, entendida como la falta de un bloque de votantes de su mismo partido que lo respaldara. Entonces, ¿se trata de que lo destituyen porque en un juicio lo encuentran culpable de algo o simplemente es un juego de grupos de personas que actúan corporativistamente para obtener ventajas que les favorezcan en su camino hacia el poder? Los cronistas hablan de esto segundo que, lamentablemente, es lo más desesperanzador para aquellos que llegaron a creer que los políticos son nuestros delegados para elegir lo más correcto para todos.

Imagino a Mafalda exclamando: “¡pobre democracia! Al final…sin comerla ni beberla se acaba llevando los palazos”.

 

Anecdótico

El otro día, cuando aún no había sido destituido el alcalde, mientras escuchaba una de esas radios para jóvenes, se planteó en un momento un mini debate en torno a este tema. Y uno de los locutores que dirigen el programa comentó algo así como que “si lo destituyen a Ibarra, al final somos todos unos boludos”. Y luego de ese comentario un barullo proveniente de la sorpresa del resto de los locutores invadió el espacio radial, ante lo cual el locutor que había ocasionado tuvo que explicarse: “Sí, somos unos boludos si nos dicen que la culpa de todo esto la tiene solamente Ibarra. Porque nos tendríamos que empezar a cuestionar unas cuantas cosas más que nos competen a todos los argentinos, además de si el Alcalde hizo o no las cosas bien. La culpa de lo que pasó en Cromañón la tienen desde el grupo que organizó un concierto en un lugar así, hasta las personas que fueron y llevaron bengalas, hasta las personas que fueron a un lugar así con niños pequeños, hasta el inspector que habilitó ese lugar…y la lista, tarde o temprano, nos llegaría a nosotros mismos. Entonces no seamos boludos y si queremos respuestas sobre Cromañón pongámonos a buscarlas en serio”.

Lástima que a los programas que son de y para los jóvenes no se les toma demasiado en serio lo que dicen, pero no leí hasta el momento ninguna crónica de los “especialistas” que no nos trate de “boludos”.

 

Y después

Seguramente cada uno de estos bloques políticos ya sabe cuál será su próxima estrategia a seguir de acuerdo a esta jugada democrática. Sabe cuánto lo benefició o perjudicó. Sabe cuánto influirá todo esto en las próximas elecciones y en base a eso qué pasos dar en su caminito hacia al poder.

Seguramente, también, nosotros seguiremos dándole 20 pesos al policía para que no nos ponga una multa al haber cometido una infracción, llamando al amigo de un amigo para que “nos ayude” a sacar el registro, y, llegado el momento que tengamos una discoteca, “tirándole unos mangos” al de la municipalidad para que nos habilite el local o aceptando que el grupo que representamos toque en un lugar que no cumple con todas las normas de seguridad con tal de que el porcentaje de ganancia que tengamos sea mayor.

Y seguramente la rueda de la democracia, con más o menos moretones, seguirá rodando.

 

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