Wednesday, January 11, 2006

Las cosas por su nombre

“AYUDA HUMANITARIA” se leía grande en la pantalla, con letras blancas y sobre un fondo negro adornado con fotos de jóvenes uniformados de color verde y, a la izquierda, el logotipo del Ejército de España.
Inmediatamente finalizado el anuncio la confusión se adueñó de mí. ¿EJÉRCITO? ¿AYUDA HUMANITARIA?

Entonces intenté imaginar un día de clase en una academia militar y cómo haría el admirable experto que hubiera diseñado el programa formativo para intercalar entre asignaturas que buscan formar a los futuros soldados en cosas como el uso de armas o estrategias y tácticas para vencer al enemigo (y, por ende, destruir), y ahí entre todo eso lecciones sobre cómo administrar un campo de refugiados, cómo encargarse del saneamiento y el control epidemiológico de ese grupo y cosas como esas. Y, aún si así fuera, imagino a los pobres estudiantes que tuvieran que cursas tales asignaturas con el mismo entusiasmo con el que un estudiante de veterinaria estudiaría una asignatura sobre técnicas de caza.

Pero, en definitiva, se debe reconocer que resulta evidente que el hecho de que el Ejército disponga de los vehículos de última tecnología y de una gran capacidad logística los hace poder llegar a resultar unos útiles transportistas de bienes de primera necesidad a posibles poblaciones destinatarias de esa ayuda. Pero entonces la etiqueta “Ayuda Humanitaria” se empobrecería a tal punto de entenderse como el simple envío de “cosas” a un sitio donde hacen falta. Y, aún así, si lo que se desea es personificar la Ayuda Humanitaria española, tal vez resulte más sano que se asocie dicho término a la Agencia Española de Cooperación Internacional y no al grupo de profesionales españoles más capacitados y especializados para matar de todo el país. Entonces entraríamos en el terreno adecuado para poder discutir la eficacia de la Ayuda Humanitaria española y sus verdaderos motivos y objetivos, pero en este caso sólo nos detendremos en la cuestión de la etiqueta por revestir una importancia primaria.

Hay procesos que son tan lentos que parecen invisibles y tal vez uno de ellos sea el que viene hace tiempo ocurriendo en el mundo y es el de la desvirtuación. Podríamos decir, por ejemplo, que el pensamiento único es el resultado de la desvirtuación de todo pensamiento. Y si hablamos de pensamiento, éste suele asociarse a los símbolos. Y nos encontramos entonces con que justamente los símbolos han sido una de las primeras víctimas de dicha desvirtuación…y allí van masas de personas vistiendo camisetas (productos comerciales) con la cara del Che Guevara estampadas o la hoz y el martillo de la ex URSS o estrellas mundiales del rock o “rock stars” saliendo de sus lujosos camerinos para cantar contra la pobreza, por citar sólo algunos ejemplos. Pero en definitiva, y lamentablemente, eso es algo que ya tenemos de alguna manera asimilado.

El grave problema al que se enfrenta en este momento la humanidad es que esa onda expansiva de desvirtuación continúa avanzando y avanza tanto en cuanto a extensión como a profundidad. Y ya comienza a pasar de las formas (los símbolos) a los fondos (los significados). Entonces nos encontramos con que todo aquello que desde siempre aprendimos cinematográficamente que era un ejército resulta que era Ayuda Humanitaria; con que los Derechos Humanos son universales pero que para su aplicación hay unas cuantas excepciones; o que los terroristas son quienes atentan contra la vida de personas inocentes, pero sólo si no son Estados autolegitimados para hacerlo.

Ya es hora de resistir a esta desvirtuación y nuestro futuro quizás vaya en eso. No es del todo inimaginable que de no conseguirlo no faltara tiempo hasta que nos podamos encontrar con que le llegue su turno, por ejemplo, a la eutanasia y se busque acabar con el sufrimiento de todos aquellos cuya vida sólo estuviera llena de él. Fácilmente se identificaría como candidatos preferenciales a todos aquellos en situación de pobreza extrema o víctimas de enfermedades olvidadas y/o incurables. Y, quizás, llegado ese momento, ya será demasiado tarde ya que tal vez entonces todos tendríamos asimilado que una inyección letal (por mencionar una técnica que no nos haga pensar que la humanidad se equivocaría repitiendo métodos estigmatizados como las cámaras de gas) sería la vacuna para resolver a la vez el sufrimiento de esas personas, la carga que implica su mera existencia para la conciencia de unas cuantas personas más favorecidas y, sobretodo, para limpiar las vergonzosas estadísticas que muestran el patético estado de nuestra especie. Llegados hasta allí, indudablemente ya no habría marcha atrás.

Se me ocurre que quizás una buena forma de resistir sea llamar las cosas por su nombre…

Posted by pablogr in 23:09:41
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