Algunas preguntas se nos presentan con demasiada reiteración en el ámbito de lo político, de lo ideológico, de lo económico, de lo social: ¿Hacia dónde vamos o hacia dónde pretendemos ir?, ¿cómo pretendemos hacerlo?, ¿cuál será el camino que deseamos transitar y cual será el medio que emplearemos para llegar hasta allí?
Seguramente, también, nos habremos cansado de escuchar en repetidas ocasiones en que se discuten estos temas, frases como que “cada contexto es distinto y tiene sus particularidades y un modelo que es exitoso en un lugar no garantiza que aplicado en otro dé los mismos resultados”. Pero aún así y buscando que el propio lector encuentre sus propias respuestas hacia las preguntas inicialmente planteadas, el presente artículo pretende tan sólo ser un abordaje descriptivo sobre la realidad del pensamiento taxista en distintos contextos.
El pensamiento taxista europeo: del individualismo burgués al individualismo proletario

En Europa los más propensos a incorporar en la práctica cotidiana el pensamiento taxista han sido siempre los burgueses, puesto que las masas del proletariado europeo suelen ser fieles activistas de lo público (en este caso, el transporte). Sin embargo, en los últimos tiempos, determinadas vertientes sociológicas afirman que una porción importante del proletariado se encuentra profundamente identificada con la asociación de lo masivo a lo destructivo. Una suerte de brote ecologista que considera aquellos conceptos pensados para las masas como agentes nocivos para el ecosistema terrestre. Todo ello se ve reflejado en el fenómeno de vuelta a lo individual, a la no sociabilización: el ciclismo. Una cuestión que debería hacer reaccionar a los europeos, puesto que parecen no haberse dado cuenta aún, es que de aquel descuido o abandono por parte del proletariado de lo público está surgiendo un peligroso y constante avance de lo privado.

El pensamiento taxista latinoamericano: un viaje hacia la corrupción
En América Latina, para entender el pensamiento taxista actual deberíamos hacer una especie de repaso cronológico del quehacer cotidiano de estos pueblos. La historia latinoamericana está marcada por violentos reemplazos. A diferencia de otras partes del mundo donde los procesos se podrían representar en un gráfico mediante una curva, en América Latina el gráfico nos mostraría escalones. No deja de asombrar a importantes antropólogos, sociólogos o politólogos no sólo la velocidad con que se instauran los cambios en esta parte del planeta sino que más aún la adaptabilidad de sus poblaciones a ellos. La independencia –un hecho evidentemente resultante de la unión del pueblo-, rápidamente trajo consigo las guerras civiles, las luchas internas, los enfrentamientos indígenas-mestizos o federales-unitarios, la esclavitud. El comienzo del siglo XX hizo florecer el retorno de aquellos que habían sido expulsados durante la independencia, en forma esta vez de inmigración. La aparición de las primeras democracias trajo consigo la creación de lo público, de lo colectivo. Pero muy pronto con la aparición de la revolución industrial también dio lugar a lo privado y lo privado se adueñó con una velocidad increíble de lo colectivo, pero también de lo individual, todo ello bajo el amparo de las dictaduras, de la opresión, del terrorismo de Estado. Pero más allá de la vertiginosidad de estos cambios hay una situación a remarcar de esta cronología: el período de la posguerra había traído la abundancia y con ello el florecimiento de los pueblos, tanto en cuanto a lo cultural como a lo educativo. Y el próximo escalón era la escasez. La democracia y el aumento del poder adquisitivo de estos pueblos habían generado un aumento ensordecedor de voces que se querían hacer oír, las cuales se vieron súbitamente calladas por los gobiernos militares. Y una persona con educación y escasez lo que más lógicamente hace es utilizar esa educación para ingeniárselas para sobrevivir. Y al mismo tiempo y fruto de los azarosos interrogatorios y/o detenciones a que se veían sometidos tuvieron que entrenarse en el arte del ocultamiento y de la mentira (también por una cuestión de supervivencia). Y ese “ingeniárselas para sobrevivir” se fue arraigando cada vez más en el pueblo, como una información genética. Y llegó un momento que ya no sé trataba de “ingeniárselas para sobrevivir” sino simplemente “ingeniárselas”, ya como vicio. Y todas aquellas generaciones de ciudadanos que traían ya la información genética de cómo “ingeniárselas” comenzó a ir llegando al poder. ¿Y qué lugar o situación te da más herramientas y posibilidades para ingeniártelas que el poder? Y a lo que en los estratos sociales más bajos se le sigue llamando “ingeniárselas para sobrevivir”, en los estratos superiores y en el poder se llama “corrupción”. ¿Y dónde aparece en este contexto el pensamiento taxista? Bueno, hay dos datos característicos. Por un lado, hay historiadores que afirman que los primeros transportes colectivos y públicos de la humanidad se vieron en esta zona del mundo. Hoy en día, todo transporte es privado. Lo colectivo es privado y lo individual también. Y la práctica del pensamiento taxista, dado que es una situación de poder, está constantemente inmersa en esta corrupción: “yo soy quien conduzco y tengo el poder para llevarte a dónde yo quiero, a llevarte a dónde tu quieres pero por el camino más largo o a llevarte por el camino más corto pero cobrarte como si hubiéramos ido por el más largo”.
El pensamiento taxista cubano: público diferencial
Una situación excepcional de América Latina es el caso de Cuba. La revolución ha triunfado, dicen algunos. Otros, que aún no ha acabado y es un proceso continuo. Un cierto grupo afirma que la revolución morirá junto a un hombre. Y, por supuesto, también están quienes hacen todos los esfuerzos a su alcance (y más también) para matarla. En definitiva, más allá de quién tenga la razón, lo que es una realidad es que el alma de Cuba es lo público. El pensamiento taxista es la imagen de lo público cuando lo que en otras zonas del mundo es un símbolo de lo individual y privado, en este país es sinónimo de colectivo y público. En Cuba nada es privado y como nada es privado los cubanos no se privan de ello. Pero ahí es donde aparece lo diferencial de lo público en Cuba: si eres cubano no te privas de nada, pero si no, para uno todo es privado. Y como no tengas el dinero para pagarlo a ir pensando en privarte de ello.
El pensamiento taxista norteamericano: conducido por extranjeros
En Estados Unidos el pensamiento taxista es fruto de su política exterior. Un flujo de cerebros hacia la potencia que todo lo devora. Culturas, historias, morales, ideas, vidas. Y de todo ello que se devora, mezclándolo con lo autóctono surge aquel pensamiento taxista único que se pretende instaurar por toda la esfera mundial. Pero el pensamiento taxista en los Estados Unidos, además de ser, igualmente que en Europa, ejercido por la burguesía, está conducido por profesionales extranjeros. Y mientras tanto, tener la posibilidad de que el pensamiento taxista tenga la gasolina suficiente para seguir llevando al país hacia delante requiere seguir devorando.
El pensamiento taxista chino: esclavistamente socialista
People’s Republic of Chine. Un país donde el pensamiento taxista tiene condimentos de los pensamientos taxistas de todo el mundo pero aportándole a estos un cierto grado de contradicción. Por un lado, un poco de lo individualista del proletariado europeo: todos a bordo de sus bicicletas. Pero aún así es difícil imaginarse que 200 personas recorriendo la calle en una misma dirección, aunque sea a bordo de vehículos individuales, pueda representar una imagen de individualidad. Por otro lado, como algunos dicen, a la potencia emergente si quiere preciarse de tal no le quedará otra que comenzar a devorar también, como en varios aspectos comienza a hacer (¿o quién y dónde se cree usted que fabricó el dispositivo en el que en este momento tiene apoyada su mano?). Si de pronto yo le pido que cierre los ojos y se imagine un medio de transporte que no tiene motor y que en vez de estar tirado por caballos es un humano quien aporta la fuerza necesaria para hacerlo funcionar, seguramente lo primero que a usted se le vendrá a la mente será “esclavitud”, ¿verdad? Pues ese es el pensamiento taxista chino. Pero claro, seguramente al ponerle al motor de su imagen mental los ojos estirados y la piel amarilla se le borró súbitamente la imagen de esclavitud, ¿no? Bueno, tampoco podemos apresurarnos a sacar conclusiones sobre si es esclavitud o simplemente una forma distinta de devorar a base de sudor. Cada cual sacará sus propias conclusiones.
El pensamiento taxista iraquí: shock esquizofrénico
Irak es un país complejo. Tanto por su rol dentro del mundo árabe, su rol en la política mundial al ser uno de los mayores productores de petróleo, la composición tan heterogénea de sus ciudadanos. Y luego, resulta que no sólo eso sino que además parece ser que Irak se convirtió últimamente en el nuevo triángulo de las Bermudas donde pueden desaparecer de un día para otro objetos. En este caso lo que desapareció fue armamento militar capaz de eliminar a poblaciones enteras. Lo que no desapareció aún fue el petróleo necesario para seguir dando marcha al pensamiento taxista (y ojo, simplemente dije que no desapareció lo cual en ningún momento aporta dato alguno sobre quién es su propietario). Pero sí que el pensamiento taxista en este país se encuentra atravesando por una situación única en la historia de la humanidad. Evidentemente cuando los españoles llegaron a América, los franceses, holandeses, belgas a África, los ingleses a América del Norte o quien sea a donde sea, siempre el proceso del pensamiento taxista era el mismo: llego, pongo la banderita de “ocupado”, planto mi bandera y una vez que está flameando, ahí sí pongo la banderita de “libre”. En este momento ese es el shock esquizofrénico que atraviesa el pensamiento taxista iraquí: la banderita es bilingüe y pone en inglés, “Free” y en árabe, “ocupado”. Con lo cuál imagínese usted la esquizofrenia que supone ir por la calle, por ejemplo de Bagdad, e intentar parar un taxi que lleva la banderita de “Free” (porque convengamos que usted, al igual que yo, árabe no entiende, ¿verdad?) y de pronto el taxi se detiene pero vemos que dentro hay un soldado estadounidense en la parte de atrás que dice: “¡eh, sube, sube!” y el taxista dice: “¡no, no, no, que está ocupado!” entonces el soldado se apresura a aclarar “no, usted suba que este hombre aún se cree que está ocupado, pero no se enteró que ya no más” y probablemente esta discusión continuaría eternamente ante nuestra estupefacta mirada y nos perderíamos en medio de la confusión mirando a la nada con la visto borrosa en medio de este shock esquizofrénico del cual volveríamos inmediatamente al sentir el ruido del disparo de la M-60 del Marine contra la nuca del taxista y en ese momento el soldado nos aclararía “¡ufff!, estos insurgentes son duros de roer, ¿eh?, bueno, tranquilo que yo lo llevaré. Eso sí, la tarifa es mucho mayor ahora, ¡con lo que está de caro el petróleo últimamente no cualquiera llena un tanque!”. En definitiva, seguramente podríamos seguir hablando de los distintos pensamientos taxistas que andan dando vueltas por el mundo.
Algún día finalmente podré, luego de haberlos analizados exhaustivamente, encontrar puntos en comunes a todos ellos. Y una vez que lo tenga hecho lo primero que haré es redactar el Manifiesto Taxista que hace tiempo vengo queriendo redactar, del cual, de momento, tengo sólo su primer párrafo: “Un fantasma recorre Europa, y la verdad es que no tengo ni idea de qué es.
Pero lo que está clarísimo es que lo hace en taxi”.